13.2.13

josé maría castrillón / 4 poemas divergentes (y un estribillo sin final)


Llegará mi tiempo
Gustav Mahler

fecha y si está vivo. no se me enfaden si hago como que no sé. no se crean que Lino El Gato no sabe de caminos que llevan a ninguna parte  −miren qué título−. nunca hay fuentes ni para lavarse aunque las haya porque hay prisa en el entierro −otro− y eso que la tierra de por aquí es piedra la muy puta. −no miran la música estos cabrones. si se desafueran los metales basta. pero la rima caliente que arda entera−. no hay dados sino truco mis amigos. y es que no es lo mismo. si le jodieron le pongo más pimienta a la historia. si la policía no le va a chingar. ¿valsecito o polka? desbocado digo. −la rima sólo los cabrones−. pero yo sé vivir de palabras que consienten. ley con buey pendiente con valiente federales rivales males. gallinitas las muy putas. no me saquen el dinero que en la fiesta yo les cobro. y si no gusta El Gato no se enoja. pero hembra rima con qué si por aquí no hay siembra. que no es la tierra por aquí mujer que se da bien de abrazos con loquehayquetener. esa sí es palabra para cantar. y a quién jodió díganme el difunto.

(narcocorrido)




prólogo para una antología inexistente 
Van incorporándose nuevos nombres, jóvenes poetas

disponer el silencio a través de sus aros pasearse frente a espejos imaginar la propia muerte eran actos de soberbia disculpables si caminábamos en círculo si nos quisimos solos. las cosas debían devolvernos su nombre improbable aunque no exista más prueba del principio que su insatisfacción. a cada paso crujía el suelo con la vejez prestada del delator pero qué lenguas habían enfermado en nosotros y qué medalla de la salud se nos había dado a besar todo fue amorosamente silenciado para hacernos implacables ventrílocuos de nosotros mismos.





informe

ni siquiera un almacén
el lugar para las máquinas
y si no hay máquinas no hay nadie
así pues todos trabajando
yo quedo al cuidado de un muchacho con más prudencia con más fuerza
con mayor sentido de la oportunidad con la medida necesaria del tiempo
con la edad
que sabe de salivas en penumbra
de la voz del sol
de entrar
de salir
y si un niño entra y sale lo aquietan las historias y los nidos
así pues me muestra su sexo
coge aquí
háztelo tú
ahora

mejor era cerrar los ojos para no olvidar
las rojeces compartidas
el sometimiento del todo a una parte
el orgullo de la réplica
y mejor abrirlos
para que el sol gravite de nuevo entre la sangre y el eco de las máquinas

abrirlos
digo
ahora.





playa de La Victoria

no es cierto el movimiento aquí
sienten los bañistas la presión del plano
la intersección de líneas
la sexualidad de los pesos
todo movimiento es falso
también el que se pierde en el mar
o es orientado por el sol
el pensamiento se abandona a sus bordes
absorben los cuerpos su propia indolencia
la marea sube –como burla al corazón–
y baja
arde la arena
bajo la celeridad de la sangre
mientras vibra el viejo harmonio
de Europa

      


agua para las muchachas
para los muchachos cuerda
                    
   


José María Castrillón (Avilés, 1966) es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo. Ha publicado los textos poéticos La sonrisa de un delfín (Heracles y Nosotros, 1991), Animal de compañía (Nómadas, 1998), Aún por recorrer (Magua, 2004), La vieja munición (Idea, 2005),  el círculo y la piedra (Trea, 2006) y gramos (Trea, 2010).



1.2.13

el ser en construcción / un diálogo sobre el arte en la red


Las razones del aviador ha convocado a dos expertos y apasionados degustadores del arte cibernético. A partir del libro Cómo la Red ha cambiado el arte (Trea, 2012), su autora, Margarita Rodríguez Ibáñez  y Jaime Luis Martín han entablado diálogo en la carlinga de nuestra nave.

◊ Para abrir boca, proponed alguna explicación sumaria de lo que sería arte en la red.

Margarita Rodríguez Ibáñez 
Yo entiendo el arte en la red desde dos perspectivas: la primera sería aquella que utiliza el medio, y la segunda la que utiliza el soporte. La primera, evalúa los condicionantes específicos del medio como la interactividad, la aletoriedad y la creación y participación colectiva (como las primeras experiencias de arte en la red  de los años 90) para proponer, pero nunca concluir, porque la obra se encuentra en continua transformación. De otro lado existen obras expuestas que se mantienen estáticas que utilizan tan solo el soporte.
            Sirva de muestra de la red como medio: Mercury Project www.usc.edu/dept/raiders. y como soporteHicham Benohoud  http://www.hichambenohoud.com/benohoud/

Jaime Luis Martín  
Cuando hablamos de arte en la red estamos refiriéndonos a una serie de prácticas difusas llevadas a cabo por diferentes agentes creativos que tienen como soporte de exploración Internet, operando mediante la manipulación del software, la acción política, las prácticas comunicativas, la interacción,  la construcción de la identidad y todo aquello que los artistas definen como arte al emplear las nuevas tecnologías. Cierto que, en sus inicios, estas prácticas en la red tuvieron un carácter libertario y utópico,  diluyéndose esta fascinación desde la Documenta X –que otorgó visibilidad al net-art- para convertirse Internet en un medio desprovisto del carácter autónomo que le otorgaron los primeros exploradores.  Considero  que siguen siendo válidas la propuestas:
The Zapatista Tactical FloodNet  http://www.thing.net/~rdom/ecd/ZapTact.html

En su ensayo Cómo la Red ha cambiado el arte, Margarita inicia su explicación acudiendo al concepto de avatar (en la raíz de la mitología hindú un ser transformado y, por tanto, alejado de su «enmarcación corporal»). ¿Cabe la posibilidad de que el arte cibernético distancie el objeto artístico (si es posible mantener el concepto “objeto”) del cuerpo de su oficiante, del hueco de sus manos, de su epidermis…? Por oficiante se entiende tanto autor(es) como receptor(es). ¿Y es ello algún inconveniente después del uso del fotograma? ¿En qué lugar queda el cuerpo en todo este proceso?

►JLM 
Un avatar es nuestra representación física en un espacio digital. En este sentido somos nosotros quienes construimos nuestra corporeidad virtual, una imagen que, a diferencia, de nuestro cuerpo físico podemos reinventar y modelar mediante una trama de subjetividades que se adapte a las distantes realidades y flujos, un cuerpo continuamente reescrito, conscientes de que a mayor imaginario menos sujeto. En realidad estamos hablando de una cuestión de identidad, de identidades que podemos consumir según nuestras necesidades en el entorno  digital. La artista Victoria Vesna  invita a construir avatares en “Bodies Incorporated” - http://www.bodiesinc.ucla.edu/frames2.html- eligiendo sus características físicas y psicológicas  Este cuerpo virtual puede interactuar con otros cuerpos o puede ser modificado a  voluntad del usuario.

►MRB 
El cuerpo virtual nace de la psicología del sujeto, y por tanto de las conformaciones o de las disconformidades con su existencia física, lo que a mi modo de ver, no es tanto un juego como una nueva predisposición que entraña muchos peligros.
Hay gente que podría pensar que la imagen transferida de "mi yo" a otra substancia manipulable como el fotograma, podría ejemplarizar este proceso, pero en este caso "mi yo" físico se mantiene, y la situación psicológica admite esta limitación. El cuerpo físico, por tanto, es el que se encuentra sujeto a manipulaciones en los avatares lo que viene a determinar que la cibernética amplía tan solo el concepto psicológico. 
Quizá por este motivo, existen opciones más avanzadas en las que entendiendo las limitaciones reales como en 4chan http://www.4chan.org/


Hagamos un esfuerzo metafórico. Tratemos de asociar las distintas disciplinas artísticas en su formato tradicional a rutinas cotidianas del receptor: p. e., pintura-asomarse a una ventana; escultura-simulacro del abrazo; música-respiración; cine-simulacro del flujo de conciencia (W. Benjamin dixit)… ¿A qué experiencia se podría asociar alguna de las formas del arte cibernético?

►MRB   
La experiencia sensorial que para mí transfiere el arte cibernético, aludiría aquella que nace de un baño en el mar profundo, en el que existen multitud de seres acuáticos de diversa índole. La explicación será evocadora si pensamos que entramos en un nuevo medio en el que no estamos acostumbrados a movernos, lo sentimos como una nueva realidad, el cuerpo nos pesa menos, y los seres vivos que allí encontramos poseen otro ritmo y comunicación a la que no estamos acostumbrados en nuestra experiencia terrestre. 
Como decía Jaime, el cuerpo virtual puede interactuar con otros cuerpos o puede ser modificado a voluntad del usuario, porque la experiencia vital es otra, porque nos sentimos más ligeros sin nuestro cuerpo y a la vez porque las trabas sociales, económicas y estéticas se desvanecen, aquellas que nos sujetan y nos condicionan, y porque ahora, quizá podamos actuar como  peces.

JLM   
No sé si realmente comprendo tu pregunta pero en todo caso me resulta muy difícil acotar, asociar a  las distintas disciplinas artísticas en su formato tradicional la experiencia en la red. La red lo comprende todo: pintura, escultura, fotografía, vídeo. Pero creo que no estamos hablando de la red como soporte sino como un medio expresivo no homogéneo. Comparto con Margarita la idea de inmersión en un mar o maremágnum, pero no se puede olvidar que Internet es el resultado de las investigaciones del Pentágono durante la guerra fría, una red pensada para una era posnuclear, capaz de seguir inyectando información al centro de control de la guerra tras una devastación generalizada. Y el poder sigue teniendo mucho interés en mantener el control sobre este cerebro colectivo que es Internet. En este sentido “la militarización de toda información- como señala Paul Virilio en El cibermundo de lo peor- con el complejo militar-informacional nos sitúa frente a un fenómeno de totalitarismo sin precedente”. Carnivore - http://rhizome.org/carnivore- es un proyecto histórico de arte en red que emplea un código abierto para rastrear paquetes de información en una red local y que puede ser ilustrativo de lo que estamos hablando.

◊ ¿Qué manifestación del arte cibernético te ha suscitado más interés recientemente?
►JLM 
Me parece realmente interesante el  proyecto de Daniel García Andújar  “Postcapital Archive 1989-2001”Andújar  -http://www.danielandujar.org- es fundador de la corporación ficticia  Technologies To The People y miembro de Irational y ha desarrollado numerosos proyectos en Internet como e-sevilla, e-valencia, e-madrid o e-barcelona.  “Postcapital” -http://www.postcapital.org/-  es un proyecto concebido como un archivo digital, una instalación multimedia, un laboratorio y una inmensa base de datos abierta de textos, audio y vídeo articulada en torno a la década que va desde el desplome del Comunismo, con la caída del Muro de Berlín, hasta  el año 2001 en el que se produce el atentado de las Torres Gemelas. El proyecto se puede considerar culminado con la publicación de “Postcapital Archives 1989-2001” por la editorial Hatje Cantz.
►MRB 
El indicado por Jaime me parece un proyecto estupendo, muy acorde con la realidad actual, en el sentido en que se aúna la idea de archivo, tan presente en la red, a la idea del arte como proyecto que impulsa la actividad, sea ésta unida a lo social o a lo artístico.
            Muy unida por tanto a esta idea, está la que presento yo, que al fin y al cabo comprende la Red como un lugar de encuentro de actividad social y artística. La represento con Sculpture Network (http://www.sculpture-network.org/en/home.html), que se refiere a la Celebración Internacional de Escultura Contemporánea (nyb'13) donde quien quiera, y le interese, puede participar de ella. Se celebra, además de virtualmente, en infinidad de loci físicos, en un total de 43 países.
Con estas muestras se entiende la red como un soporte abierto a entablar nuevos procesos en el "mundo tangible", primero como una necesidad natural de esta nueva fase del net.art (cuarta) en la que el individuo entiende que todo lo aprendido en la red, necesita también de un refugio en nuestra realidad "tangible", que bien puede tener tendencias políticas, sociales o artísticas.


¿En qué medida los soportes cibernéticos potencian la democratización del arte? Y, a este propósito, ¿son conjugables los conceptos de democracia y arte? ¿Dónde la democratización y dónde lo banal?

►MRB 
El medio cibernético potencia claramente la democratización del arte, principalmente porque la Red es un medio cuantitativo y no cualitativo, ya que no discrimina lo que transmite porque se basa en una material digital. Desde esta perspectiva, la democratización se puede ver desde varias perspectivas: la primera sería la idea de unificación del soporte, porque lo digital aglutina todos las expresiones plásticas (una performance, una danza, una composición musical, un producto audiovisual, una fotografía o una escultura) en una misma unidad de información, a la que podríamos denominar "mensaje" que navega por el ciberespacio con las mismas potencialidades, sin discriminación de cualidad. De aquí nace la segunda vía de reflexión, la democratización del gusto, cambiando la idea del estilo cultural único que existía antes de la llegada de la Red, principalmente porque es la  participación y colaboración colectiva la que crea los patrones del gusto del arte y la cultura.
La tercera, viene dada porque la Red propone, por medio de herramientas digitales de fácil uso, la creación y la distribución de contenidos plásticos, y en ocasiones simbólicos, lo que da lugar a la interpretación de un nuevo creador.
La cuarta vía sería entender que los contenidos entendidos de "alta A cultura" han sido puestos en el medio, para difundir la cultura a nivel planetario.

►JLM 
La utopía de un espacio realmente democrático que parecía alumbrarse en la primera era de Internet devino en un inmenso mercado controlado por grandes empresas que han subvertido las prácticas artísticas más radicales, frustrando la ilusión de una red libre, colaborativa y horizontal. Y no hay que olvidar el papel tan importante que en la democratización de la Red han jugado y juegan los hackers conquistando libertad y poniendo en evidencia los intereses de las grandes compañía en la red, como por ejemplo realiza  Face to Facebook  - http://www.face-to-facebook.net-, un proyecto impulsado por Paolo Cirio  y Alessandro Ludovico quienes han robado los millones de perfiles de los usuarios de Faacebook filtrados por un software de reconocimiento de caras y clasificados por su expresiones faciales. 

En Las razones del aviador no podemos evitarlo: ¿qué hay de la Literatura y más concretamente de la poesía? ¿Contempláis algún cambio sustancial con la pre-dominancia de la comunicación en Red?

►MRB 
Desde el punto de vista literario y de la poesía, sí que existen cambios sustanciales a mi modo de ver: por un lado la democratización de la herramienta entiende que todo aquel que quiera participar en la colaboración o en la creación literaria de cualquier género,  encuentra lugares  para hacerlo, pero además encuentra gente que entiende como afín donde establecer vínculos de intereses. Esta es una vía para dejar de entender el medio como cualitativo y no cuantitativo, porque elegimos dónde colocar nuestros contenidos en una primera instancia. Esto no quiere decir que después no puedan ser trasladados, copiados o modificados por otros conectados
Por otro lado, existe una tendencia a pensar que los contenidos literarios son susceptibles de ser, desde el punto de vista de su creación,  muy participativos, a modo de "cadáver exquisito", que desde el punto de vista teórico refieren  al movimiento Ou.Li.Po (Ouvroir de Literatura Potentielle, que podría traducirse como Taller de Literatura Potencial). Este grupo recurre a fórmulas combinatorias arbitrarias para que la presentación de la obra sea siempre distinta, aplicando conscientemente y de forma razonada, restricciones que le permitan nuevas formas de creación, alejándolo del azar. La definición de su literatura potencial sería «la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca". Si esto sólo puede entenderse desde un punto de vista claramente de "punto de creación", existe la posibilidad de creación por medio del discurso y la sinergia que se establece en grupos que interactúan en lugares acordados para este fin.

►JLM 
En la literatura la red ha producido cambios sustánciales en la autoría, producción, soporte,  distribución y propiedad intelectual de lo textual, desde el hipertexto a las textualidades electrónicas que conectan varios lenguajes, desde la nuevas formas narrativas, adaptadas a ciento cuarenta caracteres, como sucede en Twittter  al Book Mobile, pasando por la web semántica, “basada en la idea de añadir metadatos semánticos y ontológicos a la World Wide Web” (fuente Wikipedia).  Todos estos temas se analizaron en las distintas ediciones de Kosmopolis -http://www.cccb.org/kosmopolis/ca- pero, también, cabe acudir  para recabar una mayor información a la web Hermeneia-http://www.hermeneia.net-, un grupo de investigación sobre literatura digital.  Ya se puede hablar de la primera generación Web 2.0 literaria y esto no ha hecho más que comenzar, cierto que planteando infinidad de interrogantes, pero, asimismo, disfrutando al recorrer este nuevo paisaje textual.


¿Es posible hablar de un nuevo orden cultural donde las jerarquías y las relaciones se muestren ya diferentes?
►JLM 
Hemos pasado de la contracultura a la cibercultura, de la humanidad a la ciberhumanidad, incluso hablamos de  “multitudes inteligentes” término acuñado por Howard Rheingold para referirse a una nueva organización social que se estructura a través de las redes sociales utilizando como soporte dispositivos móviles. Este nuevo orden cultural ha supuesto la demolición de las jerarquías y disuelto el principio de autoridad, algo que considero positivo y evita rigideces académicas. Pero ante esta falta de autoridad el mercado impone su jerarquización  si no somos capaces de construir un nuevo modelo de relaciones, que bien puede estar basado en el diálogo, en la fuerza del argumento. 
   Un buen ejemplo de trabajo  es la “Red Conceptualismos del Sur” - http://conceptual.inexistente.net-/, que ha colaborado en diferentes proyectos con el Museo Reina Sofía -http://www.museoreinasofia.es/redes/presentacion/conceptualismos-del-sur.html-, y se define como una  “plataforma internacional de trabajo, pensamiento y toma de posición colectiva. Esta Red se fundó hacia finales de 2007 por un grupo de investigadores e investigadoras preocupados por la necesidad de intervenir políticamente en los procesos de neutralización del potencial crítico de un conjunto de prácticas conceptuales que tuvieron lugar en América Latina a partir de la década de los sesenta”.
►MRB  
Me encuentro en total acuerdo con Jaime. Las estructuras han cambiado, porque existe una "multitud inteligente" que lucha contra los valores que habían sido establecidos por los poderes en lo cultural, lo económico y lo político, y quiere establecer otros, menos jerárquicos, más democráticos, interactivos y participativos.
            Pero, a mi modo de ver, también ha motivado cambios negativos (como afirmaba Virilio)  en el sentido antropológico del tiempo y del espacio, porque ahora somos capaces de conectarnos a "el mundo" sin los criterios que para el animal humano se habían establecido como estables.
.           Llegados a el punto de maduración en el que nos encontramos, el conectado se encuentra con poder suficiente como para establecer cuáles son las necesidades de este nuevo individuo empoderado y, por este motivo, establece que también necesita de una nueva idea organizativa "de lo real" que no quede sólo aislada en el mundo virtual; porque el humano, a fin de cuentas, necesita de establecer raíces en un locus.
            Desde hace unos años han comenzado a surgir estructuras que, amparadas en "lo que la Red nos ha enseñado", han establecido un nuevo consenso en el mundo real y tangible sobre aquello que "me concierne y me interesa", apareciendo un nuevo marco de análisis al que he denominado "cultura localizada". Este marco vuelca en pequeños sistemas organizativos lo aprendido en la Red, porque el conectado necesita sentir que el lugar que habita, el real, posee también estos valores de falta de jerarquía, nuevos criterios de interactividad entre los grupos de interés y una construcción colectiva.
Ante este nuevo panorama social, cultural y político, están apareciendo estructuras que se van extendiendo por toda Europa: en España La Fábrica de Tabacalera, La Casa Invisible, L´Ateneu Candela, El Patio Maravillas o la Universidad Nómada; en Italia la S.A.L.E. de Venecia o Rivolta de Marghera, en Reino Unido el Centre for Possible Studies de Londres, y a nivel europeo eipcp.net. En estas plataformas “reales”  se exige un nuevo enfoque ético y moral que intente establecer una nueva idea del individuo como parte integrante en la toma de decisiones del lugar que habita, pero, asentada en un pensamiento RAM, esto es, una mentalidad-red.



margarita rodríguez ibáñez es doctora por la UCM y licenciada en ciencias de la información, magíster en marketing profesional y ceramista diplomada. Ha impartido docencia en la Universidad de Madrid. Ha trabajado también en el área de comunicación empresarial y relaciones públicas.

jaime luis martín es poeta y crítico de arte. Codirige la colección Ajimez y su página Ajimez Arte. Ha comisariado la exposición Migraciones pictóricas. Como poeta destacamos su libro Final nunca.


31.12.12

luis ingelmo / buena park



 


BUENA PARK


Al salir reculando por la puerta trasera del edificio, los abrigos abrochados hasta arriba y las capuchas echadas, una ráfaga de aire gélido nos golpea las caras. Al instante, fumarolas de vapor perfumado con suavizante para la ropa nos envuelven por la derecha. Dos pasos más y conseguimos escapar del extractor de las secadoras. Le pongo las manoplas a mi hija, le envuelvo las piernas en una manta de felpa azul y bajamos el bordillo que nos separa del asfalto del aparcamiento. Diez metros más adelante, la acera.
Torcemos a la derecha, en dirección al lago. La capa de nieve que cayó durante la noche comienza a derretirse ahora. Las aceras están mojadas, y las hojas del otoño aún no recogidas forman espesas alfombras ocres y anaranjadas bajo los árboles pelados. Algunas hojas se pegan a las ruedas de la sillita de paseo. Al principio del otoño me entretenía en despegarlas con la punta del zapato, al ir caminando. Ahora son demasiadas, por todas partes. Sería inútil.
Como la inmensa mayoría de las calles de esta ciudad, Buena se cruza perpendicularmente con Clarendon. Hacia el sur el sol se refleja en los charcos, y por aquí ya no se nota el frío en la cara. Caen goterones, casi chorritos de agua, de los aleros de las casas. La nieve ensaya encima de los coches vías por donde deslizarse suavemente hacia el suelo. Dejamos Gordon Terrace a la izquierda. Como casi todos los días, alguien ha dejado aparcado un auto en la esquina e impide la visibilidad a los que intentan entrar en Clarendon. A nuestra derecha se abre ahora Belle Plaine. De nuevo el aire helado bajo los ojos y en la punta de la nariz. Una pareja de abuelos lituanos, o rusos, o polacos, bisbisea delante de nosotros en su idioma nativo. Cuando nos sienten acercándonos por la espalda se hacen a un lado y nos permiten el paso. La mujer mira a mi hija con una sonrisa en la boca. Al hombre se le fosiliza el rostro, y sus ojos parecen perderse en el vacío de la pared de enfrente.
Belle Plaine se cruza con Broadway después de un breve trecho. Viramos rumbo norte, pues los ojos nos picaban con este sol, altísimo ya. Ahora queda a nuestras espaldas. Mucho mejor así. Un suave aroma de cocina tailandesa se desvanece en el aire con el mismo sigilo con el que apareció. Me fijo en un cartel pegado en el escaparate de un teatrillo local. Twelfth Night se titula la obra. Bajo el título, la foto en blanco y negro de una chica blanca con un escote ancho y bajo. Se descubren unos pechos muy separados uno de otro. La chica mira a la cámara, desafiante. Unos metros más allá, al lado del semáforo en la esquina de Broadway con Buena, se para un cuatro por cuatro. Por la puerta del copiloto sale un joven, alto, vaqueros, pelo clarísimo y puntiagudo, un pequeño aro de oro en la oreja izquierda. Se frota las manos y sopla dentro de ellas. Abre la puerta de atrás del coche. Pasamos justo a su lado en el momento en que se afana por bajar de él una chica pelirroja. Tiene que eludir a otro chico sentado de este lado de la puerta, y sale con la espalda doblada. Por un instante parece la chica del cartel del teatro. Blanquísima, el escote muy abierto. Su pelo naranja metálico sobre los hombros acentúa la fluorescencia de su piel. Llegamos al semáforo, en rojo para nosotros. Echo la vista a la derecha, hacia atrás, y veo a la muchacha abrochándose los botones del escote de una blusa morada bajo un chaquetón azul marino. Es más gruesa de lo que parecía al salir del coche. Quizá por su cara puntiaguda, o quizá por la posición en la que se bajaba. Me fijo en que camina descalza. Por el rabillo del ojo capto que el cuatro por cuatro ha doblado en Broadway y toma Buena hacia el lago. Vuelvo la vista y el copiloto clava sus ojos en los míos. Pasan despacio, muy despacio, delante de nosotros. Memorizo la matrícula del auto: DL 756. Sé que se me han escapado unas letras a la derecha de los números. Es una matrícula peculiar, color azul fondo de piscina. La chica desaparece a la derecha, en un bloque de apartamentos. El semáforo ya está verde para los peatones. Cruzamos Buena, hacia el norte, aún en Broadway.
Pienso. Me imagino las posibilidades. Tres hombres y una chica en un cuatro por cuatro, a las diez y media de la mañana de un domingo, ella medio desabrochada, descalza. Se han parado en la esquina, y no frente al apartamento de ella. Aunque luego ellos han recorrido el trecho que les separaba del edificio, quizá queriendo asegurarse de que la veían entrar. La matrícula del auto denota a un dealer, un vendedor de coches. Podrían haber venido de una fiesta que hubiera durado hasta las tantas, y ahora la traían a casa. Pienso en el número de orificios que se pueden llenar en una mujer, y casa perfectamente con el número de hombres que iban con ella. Quizá sea una prostituta, y entonces no vendrían de una fiesta sino que todo habría ocurrido dentro del coche. Un poco apretados, pero siempre se pueden bajar los asientos de atrás, y queda un buen espacio en ese cuatro por cuatro. Quién sabe.
Perdido en estas imaginaciones, tuerzo en Montrose hacia la derecha. Pasamos por delante del World Gym, y, una vez más, me pregunto adónde querrá llegar toda esa gente echándose esas carreras tan desenfrenadas sobre las cintas de correr, dónde estará la meta. Aunque mucho me temo que ni ellos mismos lo sepan. Juegan a poner cara de que sí, de que están seguros de hacia dónde corren con esa premura, con esa angustia en los rostros. Doblamos hacia la derecha en Hazel. En esta calle nunca hay escapatoria del sol. Se iluminan los carteles de inmobiliarias colgados en las verjas de las casas puestas en venta. Pasemos por donde pasemos siempre hay alguno. Incluso varios en una misma calle. Todo parece tener precio, o estar en una constante compraventa, la gente siempre yendo y viniendo, sin parar ni un momento. Hoy aquí, mañana quién sabe dónde. Huyendo. En busca de oportunidades, algunos. Sin rumbo, la mayoría de ellos.
Dejamos Junior Terrace atrás, a la izquierda, con sus mansiones de millones de dólares. Si hubiéramos caminado por Broadway dos manzanas hacia el norte, pasada Montrose, habríamos visto a los grupos de vagabundos arremolinándose a la puerta de la Salvation Army. Enfrente, en el supermercado Aldi, donde las propias cajas de los productos hacen las veces de estantes, habríamos visto a las familias de hispanos y negros llenando los carros de salchichas, refrescos sin marca, pizzas y platos precocinados. De la calleja situada al lado del Aldi, detrás de la Tatoo Factory y la licorería, habríamos visto salir tambaleándose como zombis a los borrachos que pasaron la noche a la intemperie. Les habríamos oído berreándose unos a otros, jurando, y habríamos olido su peste a alcohol y mierda y orines resecos.
No quiero bajar aún hasta Buena otra vez, de modo que me meto por Hutchinson a la izquierda. Más mansiones millonarias. Una ardilla corre rauda por la acera. Cruza la calzada y sube a un árbol, no muy convencida de que vaya a conseguir nada allí. Espera a que pasemos, nos observa disimuladamente, y al instante retoma su carrera por los jardines de las casas. Un hombre de paseo con su perro se interpone entre éste y nosotros al divisarnos viniendo de frente a él. El perro, un galgo, está arropado y tiene el gesto distraído. Camina a pequeños saltitos, como si trotase. Cuando nos cruzamos, el hombre, anglo, nos saluda. «Good morning», respondo, esbozando una sonrisa. Driblamos una furgoneta de instalaciones de televisión por cable atravesada en medio de la acera, y llegamos de nuevo a Clarendon.
En Clarendon veo a una chica, blanca, de unos treinta y tantos, agachada recogiendo su bolso del suelo. Viste un abrigo de ante marrón, largo. Tiene la otra mano ocupada con una pequeña cámara de fotos. Por increíble que parezca, el bolso se le ha caído en el único charco que hay en un montón de metros a la redonda. Agarra el bolso dado la vuelta. Un puñado de monedas cae al charco. Ella sonríe cuando nos ve acercarnos. Por un instante, debato la posibilidad de ayudarla con las monedas o no. Lo resuelvo diciéndole «I wouldn’t even bother» al pasar a su lado. Ella sonríe de nuevo, ahora irritada. Nosotros seguimos nuestro camino por Clarendon en dirección sur.
No ha pasado ni un minuto y ya no puedo resistir la curiosidad que me corroe. Giro ciento ochenta grados para ver si, en efecto, se molestó en recoger las monedas. Pude ver un quarter, algunos nickles, unos cuantos pennies de cobre en el charco. Con el total no daría ni para una bolsa de pipas. Y me sonrío maliciosamente cuando, llegados a la altura del charquito, no encuentro ni una de las monedas que se le cayeron. Ni una sola. Levanto la vista y veo a la chica corriendo, casi ya llegando a Montrose. «Se ha dado prisa», pienso, pero no quiero adivinar qué pueda ser eso que tanto le apremia. No quiero dejar que vuele la imaginación como con la pelirroja. Luego me aturdo y me confundo.
Por inercia, seguimos Clarendon en dirección norte. Se ha borrado ya la estela que dejara la recogedora de monedas. De frente se nos cruza una pareja de anglos jóvenes, rondando la treintena. Él me saluda con un «Good morning» claro y decidido, al cual yo respondo con mi propio «Morning». Al llegar al cruce de Clarendon con Montrose giramos en redondo, en dos ruedas. Imito el sonido de los neumáticos de un coche al chirriar contra el asfalto. Mi hija me mira y se sonríe, cómplice.
Se nubla el cielo parcialmente ahora. Un hombre quita la nieve acumulada sobre el parabrisas de su coche. Aparcado en una callejuela lateral a nuestra izquierda, ha quedado al resguardo del calor matutino, en una sombra permanente. El hombre mira el resto de la nieve aún por quitar, y con un gesto mohíno deja la escobilla sobre el techo del coche. Abre la puerta y decide dejar a los limpiaparabrisas el resto de la tarea. Me pregunto a quién le pedirá que limpie el cristal trasero. Aunque seguramente lo deje tal cual está. No sería el primero en hacerlo. Ni el último. Le veo salir del auto con la cara agriada. Parece que no ha funcionado la cosa. La máquina se reveló y su plan quedó frustrado.
Desde Junior Terrace, a nuestra derecha, un hombre negro de unos cuarenta y tantos años confluye con nuestra trayectoria. Nos adelanta sin dificultad, enfundado en un chaquetón de cuero negro, pantalones de un verde apagado, casi gris, y zapatos de estilo castellano color burdeos. De su mano derecha cuelga lo que parece ser una Biblia. Unos pocos pasos más adelante, y sin sacar la mano izquierda del bolsillo del chaquetón, desactiva la alarma de un inmenso Mercedes-Benz verde azulado. Seguramente se dirige a su iglesia, para el culto dominical. El Mercedes-Benz despierta con un suave ronroneo y se agita con cada pisada del acelerador. Al instante lo oigo perderse en la lejanía. Entre tanto, dos manzanas hacia el oeste, en el delta que es la intersección de Sheridan Road con Broadway, frente a Cullom, un hombre y su nieto le echan granos de arroz a las decenas de palomas allí congregadas. Las palomas se apiñan donde caen los granos, y el niño ríe suavemente al verlas acercarse. Se han agrupado en tres bloques. El abuelo le indica a su nieto la papelera donde tirar la bolsa de arroz vacía. En pocos segundos las palomas ya han dado cuenta de los granos esparcidos por el suelo, y comienzan a dispersarse. Una pierna al aire del hombre las lanza al vuelo, para regocijo del niño. Las palomas giran dos veces en espiral, y se posan cansinas en la tierra húmeda. Abuelo y nieto ya se alejan calle abajo, agarrados de la mano. Un coche pasa raudo a su lado, las ventanillas bajadas. Inundan la calle los aullidos de System Of A Down:

If you point your questions
the fog will surely chew you up,
but if you want the answers
you better get ready for the fire.
Get ready for the fire.




del libro de relatos La métrica del olvido (Eutelequia, 2011)




Luis Ingelmo (Palencia, 1970) es autor del libro de relatos La métrica del olvido (Eutelequia, 2011). Licenciado en Filología Inglesa (Universidad de Salamanca), en Filosofía (UNED) y Pedagogía (DePaul University, Chicago), ha residido en EE. UU. durante siete años dedicado a la enseñanza del español. Ha traducido poemas de C. Bukowski, W. Wantling y T. Joyce para revistas españolas, así como las colecciones Guardia nativa de N. Trethewey, Poemas de afinidad y resistencia de M. Carter, Lanzadera en una cripta de W. Soyinka y Garcetas blancas de D. Walcott. Junto al poeta y traductor irlandés Michael Smith ha vertido al inglés poemas de P. García Baena, J. C. Llop, A. Rossetti, R. Bolaño y E. Juncosa para diversas publicaciones, así como los Collected Poems de C. Rodríguez y Arcana & Other Poems de V. Volkow. Acaba de aparecer su traducción de Abrir nuevos caminos: la poética transgresiva de Claudio Rodríguez, de Michael Mudrovic. Actualmente prepara la traducción de una amplia selección de la poesía de Aníbal Núñez.



7.12.12

kostas psarakis / 4 poemas


tú, viejo amigo

Llegó y me halló mientras miraba el mar
enloquecido
bebía cafés batidos uno tras otro y fumaba
(como hacíamos entonces)
y me decía lo que a los dieciocho decíamos
sobre las mujeres y la muerte.

En lo profundo de sus ojos uno de mis yos
me miraba también olvidado e ignoto
como mi viejo amigo
perdidos los dos en los vórtices del tiempo
y de la preterición

Toda la noche habló y habló, fumó, bebió cafés batidos
vinieron y lo recogieron al día siguiente…


betesda

ya hace cuarenta años
que veo al Ángel
descender del cielo
para agitar las aguas.

Estos últimos años
todos partieron
los viejos se curaron
los jóvenes perdieron la fe
el lugar fue olvidado
me quedé sólo yo.
Yo y el Ángel.

Ya no tiene prisa por irse
está sentado al borde del aljibe
agita por mucho tiempo las aguas
ya nadie tiene prisa
estamos solos
yo paralítico en cama
y él con alas
de águila.

Sus ojos
tienen estrellas dentro
su corazón es el de un niño de ocho años
está hecho
de fuego y amor
un niño me dijo
su nombre
es dice
el León de Dios
en el Sol

Llegó el invierno
hace frío por las noches.
Antes de volar
con precisión
hacia mis pensamientos pecaminosos
que por desgracia
ni siquiera aquí van a abandonarme
me arregla la ropa de cama
y abre las alas
hacia el cielo

Nada me salva
excepto la paciencia.


crónica

Como poetas corremos peligro en los precipicios.
La montaña que normalmente se eleva desde el norte a mil metros
se precipita de golpe en el mar del sur.

Muchos kilómetros escarpados precipicios…
Enormes rocas pétreos arcontes
con la mar cual esclava a sus pies.

Por entre los frisos soplan los vientos eternos
que nos entorpecen confundiendo nuestras cuerdas
Hallamos los antiguos senderos
en mitad del caos
aquí donde aprendieron a no tener miedo
los montañeses.
Encuentro señales de hombres valerosos
que se distinguieron
en estos difíciles parajes, refugios de águilas
que no ensucian sus garras en la tierra.
Hallamos los refugios de los razonamientos
que ya no pueden vivir
con los hombres.

Cuando la luna sale
nos detenemos en las orillas del tiempo.
Mientras nuestro corazón aguante.
No nos quedamos mucho en las fabulosas playas de la memoria
que están hechas
de luz de luna y olvido.

Allí donde se escuchan
las olas del tiempo
en la noche y el silencio.

Este sonido es la canción de la noche.
Las palabras secretas de los vientos en lugares desiertos.
Ésta es la flor de la luna que es a la vez el mañana y el ayer.

Ésta es la canción de la noche.

Las palabras secretas de la belleza insoportable.
Partimos. Nuestro corazón no aguanta.

Tenemos prisa.
Amanece un día laborable.


mientras agonizo

... sumerjo mi mano izquierda en la roca.
Está hecha de tiempo antiguo y fuego.

La muerte es una brizna de seca hierba áurea
en sus riberas.
Algunas voces vuelan despacio de un lado del desfiladero al otro.

Mis tres hijos lloran y me siento tranquilo
la mesa, la casa, las montañas… ¡todo!
todo está hecho de tiempo
como las olas de agua
como las nubes de niebla

No todo
¡Yo soy como un árbol!
ramas ramitas
dibujos bifurcaciones
de algo que no es tiempo
soy algo en el tiempo
frágil como el azúcar
que cristalizó
en una antigua bebida dulce.

Llegaron los fallecidos
para ayudar
es difícil estar muerto.
Estoy lento y perplejo
arrastro
trozos de mi vida
una gran roca
en medio del precipicio meridional
los juncos del patio
mediodías estivales
y un trozo de mar
una pequeña iglesia secreta en el desván
la sangre que se derramó una Primavera.

Todos partieron vivos y fallecidos.
El viento sopla
escucho ladrar a los perros a lo lejos
indignados por la soledad
asciende la noche desde los desfiladeros…

Sólo quedó la luna
para agujerear taciturna

el tiempo sobre la roca


Kostas Psarakis nació en 1957 en el pueblo de Járakas, a los pies de Asterusia (en el sur de Creta, a 38 kilómetros de Iraklio), donde vive y trabaja como profesor de matemáticas en el pequeño instituto provincial de Asimi. Ha escrito los libros inéditos Formas del tiempo (Morfés tu jronu, 2006), Los cuadernos de V. K. (Ta tetradia tu B. K., 2010) y El capitán Perdikis y los sentimientos de muerte (O Kapetán Perdikis ke ta syneszímata zanatu, 2012). Algunos de sus poemas se han publicado en antologías como Núcleo poético (Piitikós Pyrinas, http://ppirinas.blogspot.com.es/, una antología de la editorial Endymión, 2012), y en revistas en la red. Estos poemas pertenecen a su libro Formas del tiempo. Mantiene un blog: http://psarakis-k.blogspot.com.es/.

Traducción y nota bio-bibliográfica: Mario Domínguez Parra