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16.9.13



emily dickinson / cuatro poemas
           

Después del verano,  vuelven los vuelos de esta vieja avioneta. Echaré de menos a mi hermano Jordi Doce, empeñado en otras aventuras. No obstante, él seguirá conmigo aconsejando y enriqueciendo como pocos pueden hacerlo.
            El primer vuelo no puede tener acompañante más silenciosa y, a la vez, sabia: Emily Dickinson. Si Whitman alumbró nuevos caminos con su voz de trueno y su antorcha de americano sin complejos, Emily encendió una vela que no podemos dejar de mirar en silencio. Recientemente, disponemos en Amargord Ediciones de toda su poesía traducida por Enrique Goicolea.
            Yo me atrevo con menos suerte a versionar cuatro poemas compuestos en torno a 1860 por la poeta de Amherst.



135

El agua se aprende por la sed.
Tierra firme ― por los Mares navegados.
El Éxtasis ― por el sufrimiento ―
La Paz  ― por el relato de sus batallas ―
El Amor ― por una lápida ―
Los Pájaros, por la Nieve.
                       



            258

Hay en la luz un cierto Sesgo,
Tardes de Invierno ―
Que oprimen como el Peso
De los Cantos de Iglesia ―

Una Herida del Cielo nos entrega ―
No nos hallaremos cicatriz,
Sino un cambio interior,
Donde los Significados están ―

Nadie puede enseñarlo ― Nadie ―
Es un Desaliento Sellado ―
Un luto imperial
Que del Aire nos llega ―

Cuando viene, el Paisaje escucha ―
La Sombra ― contiene el aliento ―
Cuando parte, es como ver la Distancia
En la mirada de la Muerte.




            721

Cae detrás de Mí ― la Eternidad ―
Frente a Mí ― lo Inmortal se precipita ―
Yo Misma ― su Frontera ―
La Muerte tan solo es deriva hacia el Ocaso,
Que se despeña en otro Amanecer,
Antes de comenzar el Occidente ―

Hay Dominios ― se cuenta ― más allá ―
De Perfecta ― Incesante Monarquía ―
Cuyo Príncipe ― no es Hijo de Nadie ―
Él Mismo ― su Dinastía sin Fin ―
Él mismo ― su propia continuidad ―
Divino Duplicado ―

Así pues, hay un Milagro frente a Mí ―
Y un Milagro a mi espalda ― y en el medio ―
Un Creciente de Luna sobre el Mar ―
La Medianoche al Norte ―
La Medianoche al Sur ―
Y en el Cielo ― un inmenso Remolino ―




            1114

El más extenso Fuego conocido
Ocurre cada Tarde ―
Sin sorpresa se avista
Avanza sin alarma ―
Sin dar noticia se consume.
Al Occidente toda una Ciudad
Se alza cada mañana
Para otra vez reducirse a cenizas.

           ¶







18.5.13




NUNO JÚDICE / LA FIGURA DEL CANTO


            En la revista Solaria (segunda época, nº 5, 2004) apareció la traducción de esta serie poemática. La concesión del XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana al autor portugués nos ha parecido razón suficiente para recordar estos poemas.



            1

Del otro lado del tiempo, oigo la voz
que siempre olvido: “¿en qué rama quedó
prendida tu imagen?”

Un arbusto existe para que los versos,
como pájaros, se refugien en él. Los oigo
restallar contra el viento enlutado
de la estrofa.

“Mientras, me dices, ¿a quién entregaré
sus frutos?” Pero  tus brazos están
vacíos, como las raíces del poema.



            2

Nació de mañana, como el color,
el agua, la tierra, el tronco cuyos nudos
se confunden con ojos ciegos.

Sé que le corre por dentro
la savia de la noche; y lo parto, como
una astilla, o verso, para
que los labios sedientos se ennegrezcan
con ella.

Lo que nace, entonces, trae consigo
ese nombre: ¿muerte? ¿O algo que crece
en el silencio de los muros, como la hiedra,
hasta brotar en el límite de la flor?



            3

Te persiguen, esos árboles. Un tronco,
por momentos, agita su torso de Venus
−nacida de la tierra. Pero enfrente,
las hojas tocan una línea imaginaria
que las separa del cielo. Busco
el detalle, el pormenor, el punto
en el que el mundo se torna preciso, como
la idea. Pero lo que encuentro es
el viento, la arruga del otoño en el paisaje, el aire
que avanza dentro de la luz,
y obliga al poema a un retroceso instintivo
hasta encontrar la figura del canto.



4

Si se recorre el campo, despacio,
sin perder el tiempo con las ideas, llevando
apenas, en un bolsillo del espíritu, la imagen
de tus ojos, tal vez un ave alce
el vuelo y se quede, inmóvil,
en una pausa de la vida: “¿A qué vienes
aquí?”, pregunta. Pero no se puede
interrumpir el tiempo, ni el cuerpo
atento al suelo, se distrae de la pendiente
que conduce hasta tus brazos.



            5

Es porque la noche cae por lo que los ojos
buscan la  luz, la revelación de la nada,
la certeza efímera de un brillo. En cambio,
dando la espalda al peso
de un eco diurno, los ojos se cierran. El sueño,
que da la señal de un nombre, impide
que los labios lo pronuncien. Tiemblan,
apenas, con el soplo imperceptible
de la respiración; y tú, a quien el silencio
prende al lecho de un río sonámbulo,
sueñas el regreso. “¡Despierta, para que me
llames, desde la otra orilla!” La mañana,
en cambio, todo lo apaga. Quien abre la ventana,
cegando sus ojos con el día, entrega
a la noche sus sombras.



            6

El secreto de este fuego nace de la piedra
que él mismo consume. La golpeo, la levanto
contra el cielo, y un brillo azul
envuelve su contorno. Arde por dentro,
donde ni siquiera se sospecha la llama.
Ahí, ni humo ni color; apenas un sen-
timiento que pasa de la materia a la mano
que la envuelve. Después, tiro la piedra
lejos. La veo subir; y cae, en
medio de otras piedras. El centro fue
su secreto: ahora, es sólo una piedra tirada
en el suelo, que cada uno de nosotros
pisa, o lanza lejos, sin saber
lo que le arde por dentro, y nos quema.



            7

Las cosas son nítidas: objetos, colores,
plantas. Entran realidad adentro
cuando las nombro: cuerpos, mujer,
cenizas, blanco, abetos, feto. Los
montes, en cambio, son imprecisos, como
un pretexto para que la luz nazca,
en la cima, donde sólo una línea decide
el límite. Entonces, las cosas nos sujetan
aquí. ¿Para qué dejar que la mirada siga más
allá, donde un impulso de ala hace
iguales al hombre y al polvo? Olvido esa
última frontera, y sigo tus pasos,
diosa, por cuyo amor me transformo en
alimaña de tierra, menos hombre que topo.



            8

“El gesto construye la figura...” Pero no
continuó. El cansancio le impedía acompañar
al pensamiento, y poner por escrito
una conclusión. “El gesto es lo que cuenta
en una duración, en un sueño de eternidad”. Ahora
se aproximaba a ese punto en el que la frase y el mundo
coinciden. Pero lo que decía
no tenía, ya, un objetivo definido. Las palabras
saltaban hacia dentro de la imagen, y seguían
el movimiento sugerido por la figura. “Los pies,
en contacto con la tierra, indican el límite
de ese gesto.” Después, tal vez pudiera
fijarse en el horizonte, donde el contraste de los montes
con la luz, en una inercia antigua, sugería
la tarde. Pero estaba sujeto, también él, a la tierra,
y un movimiento de raíces le empujaba
hacia dentro, de donde una voz
lo llamaba.

                                          Versión de José María Castrillón


Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, El algarve, 1949), profesor universitario de Literatura Comparada, ha sido traducido al español en Un canto en la espesura del tiempo (Calambur, 1996), Teoría general del sentimiento (Trilce Ediciones, 1999) o Antología (Visor, 2003).




8.4.13



cien años de Alcoholes de guillaume apollinaire 

tomás Sánchez santiago: una traducción de Zone


ZONA

Vale ya estás cansado de aqueste mundo antiguo

Pastora oh Tour Eiffel te bala esta mañana un rebaño de puentes

Hasta la coronilla de vivir entre griegos y romanos

Pero si hasta los coches tienen aquí pinta de antiguos
La religión lo único que sigue siendo nuevo la religión
Sigue siendo genuina como los hangares de Port-Aviation

Sólo tú oh Cristianismo no eres viejo en Europa
El más moderno europeo sois Vos Pío X
Y a ti a quien escudriñan las ventanas te da vergüenza
Entrar en una iglesia y allí confesarte esta misma mañana
Lo lees todo prospectos catálogos anuncios que cantan a voces
Eso es la poesía esta mañana para la prosa ya están los periódicos
Y folletines por cuatro perras repletos de aventuras policíacas
Fotos de hombres ilustres y la tira de títulos

He visto esta mañana una calle preciosa ni me acuerdo del nombre
Nueva y limpia clarín del sol
Directores obreros y bellas secretarias
La cruzan desde primera hora del lunes a última del sábado hasta cuatro veces al día
Gime por tres veces la sirena en la mañana
Al mediodía ladra una campana enfurecida
Inscripciones en rótulos y muros
Placas anuncios chillan como loros
Me encanta esta calle industrial
Situada en París entre Aumont-Thiéville y Avenue des Ternes

Qué joven la calle y tú tan sólo un crío
Tu madre te pone siempre de azul y blanco
Eres muy devoto y junto a René Dalize tu primer viejo amigo
Os lo pasáis bomba con las pompas litúrgicas
Son las nueve ya el gas de las farolas se ha ido amortiguando a escondidillas salís del dormitorio
Rezáis toda la noche en la capilla del cole
Mientras una eterna y adorable profundidad violeta
Empaña para siempre la radiante gloria de Cristo
Es la hermosa azucena que todos cultivamos
La antorcha pelirroja que el viento no sofoca
El hijo pálido y sonrosado de la madre dolorosa
El árbol colmado siempre por todas las plegarias
La doble horca de honor y eternidad
Es la estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y el domingo resucita
Es Cristo que asciende a los cielos mejor que los aviadores
Y establece el record mundial de altura

Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos él sabe apañárselas
Y convertido en pájaro este siglo remonta el aire como Jesús
En el averno los diablos alzan la cabeza para mirarlo
Dicen que imita a aquel Simón el Mago en Judea
Proclaman que si él sabe volar se le llame ladrón
Los ángeles revolotean en torno al hermoso funambulista
Icaro Enoch Elías Apolonio de Thyane
Flotan alrededor del primer aeroplano
A veces se apartan y dan paso a los que pone en éxtasis la Santa Eucaristía
Esos curas que ascienden eternamente al elevar la hostia
El avión se posa al fin sin replegar las alas
Se inunda el cielo entonces de millones de golondrinas
De un vuelo llegan cuervos halcones búhos
De África los ibis flamencos marabús
El rocho que cantaron fabulistas y poetas
Se cierne sosteniendo entre las garras el cráneo de Adán la primera cabeza
Baja en picado el águila soltando un potente grito
Y de América llega el pequeño colibrí
De China han venido pihis largos y ágiles
Que tienen solo un ala y vuelan por parejas
Y ahora aquí la paloma inmaculado espíritu
Que el ave-lira escolta y el ocelado pavo real
Y el fénix esa hoguera que a sí misma se engendra
Vela todo de golpe con su ceniza ardiente
Remontando estrechos peligrosos
Llegan las tres sirenas cantan como los ángeles
Y todos fénix águila y los pihis de China
Se hermanan con la máquina volante

Ahora vas caminando por París solo entre la multitud
A tu lado pasan bramando rebaños de autobuses
En la garganta la angustia del amor te pone un nudo
Es como si no fueses ya nunca a ser amado
Si vivieses en otro tiempo te habrías metido monje
Os avergonzáis cuando se os sorprende musitando una plegaria
Te burlas de ti mismo y tu risa chispea como fuego de infierno
Esas chispas doran y doran el fondo de tu vida
Es un cuadro colgado en un sombrío museo
De vez en cuando vas a mirarlo de cerca

Hoy caminas por París las mujeres están ensangrentadas
Entonces y no querría yo ni mentarlo empezaba el ocaso de la belleza

Rodeada de llamas hirvientes Notre-Dame me ha mirado en Chartres
La sangre de vuestro Sacré-Coeur me ha empapado en Montmartre
Me pongo malo si oigo palabras bienaventuradas
El amor que soporto es una vergonzante enfermedad
Y te posee una imagen que te hace sobrevivir al insomnio y la angustia
Siempre cerca de ti se interpone esa imagen

Ahora estás a orillas del Mediterráneo
Bajo los limoneros siempre en flor
Te das un garbeo con amigos en barca
Uno es nizardo hay otro de Menton y dos de La Turbie
Miramos espantados los pulpos abisales
Y entre las algas nadan los peces símbolos del Salvador

Estás en el jardín de una posada a las afueras de Praga
Hay una rosa en la mesa te sientes muy feliz
Y en lugar de escribir tu cuento en prosa miras
A esa cetonia dormida en el corazón de la flor

Horrorizado te ves hecho reflejos en las ágatas de San Vito
Estabas muerto de tristeza el día en que te viste allí
Te asemejas a Lázaro atontado en la luz
Las agujas del reloj del Barrio Judío van a la contra
Y también tú reculas lentamente en tu vida
Subiendo hasta Hradschin y escuchando de noche
Cantar en las tabernas cantos checos

Hete aquí en Marsella metido entre sandías

Y hete aquí en Coblenza en Hôtel du Géant

Y aquí en Roma sentado a la sombra de un níspero nipón

Y en Ámsterdam con una jovencita que encuentras hermosa y que es fea
Tiene que casarse con un estudiante de Leyde
Allí se alquilan cuartos en latín Cubicula locanda
Bien me acuerdo pasé tres días ahí y otros tantos en Gouda

Estás ahora en París frente al Juez de Instrucción
Te han detenido como a un criminal

Has emprendido viajes dolorosos y alegres
Antes de saber qué eran el engaño y la edad
Has sufrido de amor a los veinte y a los treinta
Viví alocadamente y malgasté mi tiempo
Ni te atreves a mirarte ya tus manos y por momentos querrías sollozar
Por ti por la que amo por cuanto te ha espantado

Miras deshecho en llanto a esos pobres emigrantes
Creen en Dios rezan las mujeres amamantan a niños
Inundan con su olor el hall de Saint-Lazare
Confían en su estrella como los Reyes Magos
Esperan ganar plata en la Argentina
Y tras hacer fortuna volverse a su tierra
Una familia arrastra una colcha roja igual que usted arrastra el corazón
Esa colcha y nuestros sueños son también irreales
Algunos de esos emigrantes se instalan aquí y alquilan mechinales en Rue des Rossiers o en Rue des Écouffes
Los vi a menudo al anochecer tomando el fresco en la calle
Y se desplazan raramente como figuras de ajedrez
Son judíos casi todos sus mujeres usan peluca
Se dejan caer rendidas en la oscuridad de las trastiendas

Te encuentras en la barra de un bar de mala nota
Tomando un triste café entre los desdichados

Estás por la noche en un buen restaurante

Esas mujeres no tienen mal corazón tienen preocupaciones sin embargo
Hasta la más fea ha hecho sufrir a su amante

Esa es hija de un sargento de Jersey

No había visto yo sus manos están duras y agrietadas

Me entra una inmensa piedad por las cicatrices de su vientre

Con negras carcajadas humillo ahora a una pobre muchacha

Te has quedado tú solo va a llegar la mañana

Los lecheros hacen tintinear sus cántaros en las calles

Como hermosa mestiza la noche va alejándose
Es Ferdine la falsuna o Léa la solícita

Y tú bebes este alcohol que quema como tu vida
Tu vida que te bebes igual que un aguardiente

Caminas hacia Auteuil prefieres ir andando a casa
Dormir entre tus fetiches de Oceanía y de Guinea
Son Cristos de otra hechura y de otra fe
Son los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas

Adiós adiós

Cuello cortado Sol









CROMO

Esta libérrima versión –más que traducción- de “Zone” está asistida tanto por la osadía como por el escrúpulo. El espíritu transgresor y juguetón del poema no ha de estar cifrado necesariamente sobre una réplica cabal de las palabras que lo configuran. Y a eso me he atenido, sobre todo. Valores prosódicos y rítmicos gobiernan a menudo esta versión sobre cualquier otro criterio. Pero tampoco fue siempre así la transfusión del poema de lengua a lengua. Bajé expresiones a la gloriosa y montaraz lengua coloquial. Mantuve otras palabras como insignias de época (esos rebaños de puentes y autobuses, esa “máquina” con su aura de incantación en aquella hora vanguardista de entusiasmo por el artefacto) y alboroté otras con tal de crear mediante extrañas transacciones una analogía –o eso me parecía a mí- con esa sensación de segregación verbal continua que es “Zone”.

Por otra parte, estaba la oportunidad de su publicación precisamente ahora, en abril y en 2013, justo cien años después de la aparición de Alcools en las ediciones del Mercure de France, aunque hay que buscar textos seminales de este libro en revistas efímeras de 1904 y, posteriormente, de 1909. Desde esta fecha hasta la aparición de Alcools, sucesos en la vida de Apollinaire asomarán luego en los poemas (su ruptura con Marie Laurencin, su detención en 1911, su fascinación confesa por la estética rupturista de aquellos artistas). De todo se nutrirá también “Zone”, poema terminado sólo en los últimos meses de 1912 y publicado en primera instancia en el número 11 de Les Soirées de Paris pero que encabeza decididamente Alcools y marca la pauta programática de una estética que quiere abominar del pasado en todos sus órdenes comenzando por la supresión de todo signo de puntuación (“el propio ritmo y las pausas de los versos son la verdadera puntuación y no hace falta otra”, escribirá el poeta a su amigo H. Martineau). Esta apariencia prosaica del poema se ha puesto en relación con antecedentes de Maeterlinck, Whitman o Cendrars. Sea como sea, “Zone” ha quedado como uno de los detonantes de la modernidad poética.

Ojalá esta fidelidad al énfasis y al vaivén emocional del poema sustituya de modo suficiente a la impericia de este ocasional traductor que ahora ha comprobado bien aquello que una vez oyó decir a Laurence Breysse-Chanet acerca de este ejercicio de imposible ventriloquia que es traducir: “un entender perdiendo”.

T. S. S.
León, abril, 2013


EN este enlace se puede escuchar la voz del propio Apollinaire recitando
Le pont de Mirabeau en una grabación de 1913


12.6.12

robert pinsky / 2 poemas


el tarro de los bolígrafos

Algunas veces simplemente el verlos
apiñados en su cilíndrica formación
me repele: humildes, erectos,
mudos y expectantes en su
enjuagada jarra de miel: mi carcaj
de desprendidos aguijones. (O un ramillete
de mentiras y de intenciones sin usar).

Pilotos, zánganos, obreros. La Reina está
molesta. La logia vertical
de los que trabajan duro, reunidos
en posición de firmes como si creyeran
que toda la tinta del mundo sería suficiente
para cubrir la primera sílaba
de toda la confusión de un corazón.

Esta gruesa estilográfica desearía
con todo su elástico corazón
que yo fuera un chico de granja
cuyo padre analfabeto
la rescata del retrete
tras haberse caído del pantalón del chico:
el hombre escarbando con sus botas
a la luz de un farol, ahí abajo en la fosa.

Otra pluma se esfuerza en recobrar
los caracteres de las miles
de lenguas del mundo que han muerto desde 1900,
florituras, espirales, salpicaduras
de pincel y arabescos:
las huellas de unas especies extinguidas.

El padre le da un manguerazo a las botas
y tras dejarlas en el granero
junto al pantalón y la camisa
entra en la cocina,
sosteniendo el pequeño y recuperado
símbolo de la confección de símbolos.

Oh, camada de rascadores de líneas,
vainas de plástico para el alma, habéis
durado más que las espadas—vosotras,
las garras y las alas de las manos.
.

//


teclado

Un piano incorpóreo. Los auriculares otorgan
al que toca las teclas una cierta soledad
en el interior de su música; grítale y no se volverá:

la imagen de un alma que piensa dar la espalda al mundo.
Apolo en su piel de serpiente despelleja vivo al músico
ingenuo: Marsias adquirió entonces sensibilidad suficiente

para sentir en cada roce el mundo entero. En África
los invasores llevan machetes para amputar las manos
y tal vez hagan elegir a la víctima, «mangas largas o cortas».

Shahid Ali dice que les ocurrió a los tejedores de Cachemira:
acabar con el arte. Solo hay un cierto número de historias.
La Pérdida. El Elegido. E incluso antes El Viaje,

La Transformación: la fruta de cualquier árbol, la puerta
de cualquier aposento, menos este—y el alma codiciosa,
la cuchilla del torno. El Ejército Rojo destrozaba pianos,

pero una vez capturaron a alguien de las SS que sabía tocar.
Le sentaron al piano y se llevaron los dedos
a la garganta para explicarle que iban a matarle

cuando dejara de tocar, y así durante dieciséis horas
bebieron y lo destrozaron todo mientras el nazi tocaba las teclas.
La gran Canción del Mundo. Cuando se desplomó

sollozando frente al instrumento le golpearon la cabeza
y le reventaron los sesos. Orfeo despiadado regresa
de nuevo a su teclado para improvisar un planto:

los pequeños gemidos de placer de ella, bla bla, la zona
tras su oreja, lilas bajo la lluvia, un acorde suspendido,
una frase igual que una polilla volando indecisa a la luz de la luna,

Oh, perdida Eurídice, bla bla. Su arcaica cabeza
continuó cantando tras arrancarla del cuerpo:
el cuerpo, viejo y largo compañero, sostén—la esencia

de las naranjas, la-la-la, el aroma de los almendros,
el sabor de las aceitunas, su falda de paño. El grandísimo
anciano poeta dijo, ¿Qué deberíamos ponernos para el recital—corbata?

¿O mejor sin corbata, cuello alto? La cabeza
a flote se gira hacia Apolo para cantar y Apolo,
el lagarto de fuego de ojos gélidos, recorre las teclas.

[De Música del golfo, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2007]


Traducción de Andrés Catalán
.

© Eric Antoniou


Robert Pinsky (New Jersey, 1940) es un poeta, ensayista y traductor norteamericano. Nombrado Poeta Laureado de los Estados Unidos en 1997, es uno de los poetas más populares del país: en 2002 llegó a aparecer en un capítulo de la serie de animación Los Simpsons. Es autor de una decena de poemarios, entre los que destacan An Explanation of America (1981),  Jersey Rain (2000) y Gulf Music (2007). Ha traducido a Dante y a Czeslaw Milosz y en la actualidad es profesor de escritura creativa en la Universidad de Boston.

14.2.11

fernando guerreiro / 6 poemas

templo

El mundo es una declarada ausencia de lo que permanece
apenas en el ánimo como una sensación de vestigio.
Quiero decir que cuando el sentimiento se acaba
las cosas se retiran lentamente a su exilio.
Perdido en el horizonte, el templo se alza en la exigüidad
de su destino; plata labrada que arde bajo un revestimiento
de zinc. ¿Qué mirada conseguiría, entonces, llegar más adentro?
¿O encontrar un nombre para las estatuas que aplacase
a los dioses? El pensador escruta el horizonte con una tímida
sonrisa. «La anticipación de la muerte constituye la única
medida de las cosas antes de que todo se haya consumido...» 


álbum de familia

La memoria se construye como un puzzle de fotografías
en las que sólo lo que se ve tiene la posibilidad de un día
llegar a ser reconocido: se inventa, finalmente, a partir de lugares
comunes que, no por ser compartidos, dejan de ser
menos deseados. Tal vez, porque nadie los posea
–tenga la certeza de haberlos vivido– y su única garantía
sea ese pasaporte anónimo a otro destino.
¿Todos nos morimos en una fotografía? Pero tal vez
esa muerte sea la única prueba concreta de que un día
hemos vivido. Injertos autobiográficos
que se reconocen en las fotos más sentidamente
aún que cualquier memoria de lo acontecido.
Una muerte anticipada revivida en las fotos
–materia inventada de lo que podía haber sido.


fin del discurso

Verdaderamente no hay nada de qué hablar. Y mucho menos
de qué escribir, pues todos los titulares son antiguos. Igual
para el beber, hoy ya nadie viene a la fuente y el ganado, suelto,
se acerca desamparado a la pendiente del precipicio. Hasta las palabras
parecen haber perdido el aval de los milagros que, al principio,
les habían sido prometidos. En los ojos de los niños
¿qué se puede ver aún?, apenas patios encalados,
miradores de madera donde un viejo caminante
al fin se sienta embelesado a contemplar el solsticio.
Pero junto con la casa los hombres también abandonaron
las palabras. Detrás de ellas se extiende lo que
queda del lenguaje: un fruto reseco, deshabitado,
del que las metáforas se ausentaron –para siempre
prendidas a la repetición de una memoria de hojas
que la brisa juntó para la llegada del crepúsculo.


alto de san juan

A medida que morimos se dice que el estilo se vuelve más preciso,
y a los ojos de los demás tal vez, también, más pacífico. Entre tanto,
a ese trabajo de luto –por nosotros mismos y por el mundo– no sé
si aún se debería dar el nombre, tan romántico, de literatura.
¿A ese derroche de estilo?, ¿a esa gratuidad del sentido?
De hecho, hay una alegría en las bocas de los otros, una voracidad tal
en los vivos, que no se compadece con la idea bien pensante de literatura.
Ética experimental, así podríamos definir la poesía –en todo
semejante a un cuerpo que cae en la página para después emerger de ella como
un fantasma a la busca de sepultura. En cualquier caso
hay siempre demasiadas palabras envolviendo un cuerpo endulzado
y donde sólo el silencio debería responder a la llamada de lo inmundo.
Porque la poesía puede surgir incluso de un error de lectura.


crítica del sentimiento

No hay criterios poéticos, apenas algunas luces perdidas
a través de la planicie donde los cuervos ven oscurecer los vicios.
No dejaré sin embargo que el pensamiento estrague al paisaje
o que las palabras alfombren de rosas el precipicio.
En poesía no hay verdaderamente sentimientos,
sólo caravanas que pasan y que con su lentitud
interrumpen el discurso. En el hueco de la ola, reverberando
en su centro, el océano se transmuta en palabra
pulida por el destino. Porque no hay leyes
para la pasión y quien la experimenta aprende
cuán anónimo es su sentido. Por eso
el sentimiento, en la poesía, no es un recorte
en el paisaje, ni con la naturaleza se confunde.
Pero, interiormente, tiene que ver con la forma
de perderse las garzas en el cielo
alucinando con sus gritos el vuelo del futuro.


la caída de los frutos

Al abolir las palabras para sacrificar los sentimientos
confirmábamos tal vez que bastaba abandonar la gramática
para asistir, serenos, a la descomposición de los frutos.
En cambio, la poesía no se confunde con una carretera
larga ni las metáforas aceptan que los hombres traten
de su secreto en el ambiente confortable de las estufas.
Disputábamos las palabras a los pájaros
pensando que en la naturaleza tal vez se volviesen
más apetecibles los frutos. Nos engañábamos.
Olvidábamos que es un paisaje
amargo el que nos devuelve
en su resentimiento la literatura.
¿Podríamos entonces dudar,
antes de recogerlos,
en compartir con las aves
algunos de sus frutos resecos?


Fernando Guerreiro (1950) es uno de los autores portugueses más relevantes de entre los surgidos en los años 70. Ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria en revistas que podríamos calificar como marginales, destacando, fundamentalmente, por su mirada atenta a los movimientos culturales del momento pero alejado, siempre, de lo que considera ceremonias espurias de visibilidad. Los poemas aquí traducidos proceden de A balada de Liverpool e Bruxelas (O guarda-rios, Guimarâes) y, los dos últimos, de Teoría de la literatura (Black Sun, Lisboa).

Traducción de José María Castrillón