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4.4.14



formas de resistencia / una entrevista a miguel casado


Esta entrevista presenta como horizonte de conversación el último libro ensayístico de Miguel Casado, La palabra sabe. El texto aparece seguido y acompañado de dos poemas suyos citados en una de las preguntas, y cuya reproducción queremos agradecer a su autor y a sus editores.


           

LRA.- La palabra sabe (Ed. Libros de la resistencia, 2012) recoge ensayos críticos sobre temas diversos y sobre varios autores (Rimbaud, Machado, J. R. Jiménez, Valente, Gamoneda, Ullán…). Pero ofrece, sin duda, una articulación en torno a una serie de cuestiones. Y una de ellas, si no la principal, se sustancia en repensar el concepto de «autonomía del lenguaje poético». Aceptando la oportunidad de tal distinción, propones, sin embargo, una relación más rica entre realidad y palabra. ¿Podrías esbozar este replanteamiento de la cuestión?

Sí, yo diría que La palabra sabe reúne, por un lado, una serie de lecturas particulares tanto de poetas concretos como de cuestiones teóricas, y, por otro, tiende algunos hilos que comunican unos ensayos con otros. Así, el vínculo entre palabra y realidad, la búsqueda de un tipo de pensamiento negativo que funcione como espacio de libertad y crítica, las coincidencias y contradicciones entre lo personal y lo político, o entre la biografía y la materia de la vida, o entre las poéticas y la escritura de los poetas, el viejo tema del alma y el cuerpo, la experiencia del tiempo, etc.
  De algún modo, el vínculo entre palabra y realidad al que te refieres lo veo en ese contexto y no es fácil aislarlo. Aunque vengo ocupándome de ello desde hace tiempo, quizá el ensayo inicial de este libro, para el que retomo el título de Francis Ponge (“Tomar partido por las cosas”), sea el intento más sistemático de tratarlo. Lo vario del planteamiento, que reúne la discusión de algunos problemas teóricos y de las posiciones mantenidas acerca de ellos con el análisis de una serie de poemas o fragmentos, hace difícil resumirlo. Me limitaré entonces a nombrar algunos elementos.
  El punto de partida es el discurso de los formalistas rusos, centrado en la obra de Shklovski; esto me lleva a señalar, primero, cómo la unidad inseparable entre forma y contenido que se da en el poema, no supone en absoluto la falta de un contenido o de una relación con la realidad, ni la existencia de alguna clase de forma vacía. En esta línea, y en segundo lugar, me fijo en la idea de extrañamiento de Shklovski, que se daría –para él– en cualquier rasgo textual, de la índole que sea, que permita recuperar la nitidez perceptiva, liberar la lengua y la realidad de los códigos que las asfixian y manipulan.
  Hay, así, en mi texto una posición afirmativa de la autonomía del poema (del arte) y otra interrogativa, reflexiva, algo distanciada del modo en que se suele afirmar. Creo que es preciso defender la autonomía del poema frente a las heteronomías, es decir, los criterios o valores externos a él que tratan de regirlo, llámense mensaje político o forzada doctrina de escuela; el poema es crítica del lenguaje, búsqueda de un lugar singular de lengua-mundo, y ni su riesgo ni su medida vienen dados por las ideas que exprese o por el personaje que pueda aparecer en él o por sus compromisos y deudas extrapoéticos. Pero, al mismo tiempo y por el contrario, pienso que el principio de la autonomía puede cuestionarse en cuanto a la relación entre palabra y realidad: comparto la idea de que la realidad no está dada, sino que se va construyendo en el poema, pero, en efecto, se va construyendo, se va percibiendo ahí; numerosos gestos del poema señalan a la realidad, se vinculan con ella: es imposible pensar el poema sin una base referencial fuerte, sin reconocer que la lengua que habla en él se refiere a lo real. Muy sucinta y esquemáticamente, por ahí irían las cosas.


LRA.- A propósito de esa relación, de la crudeza de lo vivo, de su penetración en la lengua poética, ¿ha opuesto resistencias propias la tradición poética española?, ¿ha sido menos o más permeable que otras?

Tendría que decir que soy muy escéptico respecto a la existencia de una “tradición poética española”: ¿qué nombraría?, ¿qué abarca?, ¿la poesía escrita en castellano en España?, ¿la poesía escrita en español en el mundo? Pienso que toda tradición está fragmentada por conflictos y contradicciones que impiden tomarla como un conjunto –y, si no se la toma así, quizá el sentido de tu pregunta se vacía o se traslada.
  Tal vez una de las líneas de evolución de la poesía moderna, a partir del Romanticismo y el Simbolismo, ha sido el predominio de mecanismos analógicos en sus diversas formas, de la metáfora a la imagen que, por motivos para mí desconocidos, suele llamarse irracional. Esto ha llevado, con el tiempo, a una codificación y a una serie de desplazamientos de sentido que parecen de signo metafísico, de modo que la realidad, en vez de construirse, retrocede. Este fenómeno afecta a todas las “tradiciones” –podría decirse que, cuanto más convencionalmente realista es una poesía, más pesan los códigos y más retrocede en ella la realidad– y encuentra también en todas las “tradiciones” formas de resistencia. En mi trabajo crítico trato de detectar esas formas de resistencia, mostrarlas y escribir sobre ellas.


LRA.- Releyendo tu obra poética, he creído percibir esa preocupación por la penetración del detalle vívido, objetivo. Podría mencionar varios textos, así, p. e., «Es una noche de lluvia…» (en Tienda de fieltro, 2004), pero igualmente en la sección “Para una teoría del color” de Invernales (1985), tu primer poemario. Tal vez con menos evidencia en esta segunda y temprana obra, aunque, p. e., en el poema «Cuando se acerca marzo» irrumpe de pronto con fuerza la imagen entre esqueletos de geranios. [Se reproducen ambos poemas citados tras la entrevista] ¿Has sido consciente en tu discurso creativo, en tus poemas, de esta preocupación, de esta veta?

Suelo decir que los poemas saben más que el poeta. Respecto a tu pregunta, esto querría decir que la escritura de poesía descubre las cosas antes que la crítica o la teoría, que estas aprenden de aquella y no al contrario. Por otro lado, es verdad que la escritura reflexiva acerca de la poesía permite hacer más conscientes algunos procesos que han intervenido en los poemas; el poeta es consciente de lo que hace, pero no necesita formular esa conciencia en una lengua distinta a la del poema; el crítico sí la formula; tal vez uno potencia al otro.


LRA.- Mientras leía los ensayos, en especial el primero, donde te ocupas más decididamente de este asunto, me inquietaba la suposición de que el problema realidad material vs lenguaje poético no se expandiese hacia la dicotomía ciudadano vs sujeto poético. Pero, claro, este desarrollo aparece más adelante y a propósito de más de un autor, aunque de forma directa en referencia a la obra poética de Antonio Gamoneda. En la línea matizada que ya has esbozado, ¿cabe, entonces, preguntarse por la validez crítica de un biografismo filtrado, reformulado? ¿Qué alcance tendría en la poesía?

No sé si entiendo bien el sentido de esa inquietud; es como si hubiera un desarrollo debido o esperable, desde algún punto de vista, y se decepcionara una expectativa al no atenerse a él. Por otro lado, ¿hay una oposición fundamental entre ciudadano y sujeto poético?; supongo que te refieres a la voz del poema, a un sujeto enunciativo, pero tanto este término como el concepto de ciudadano llevan ya incorporada su propia perspectiva, su teoría. Y la separación entre ambos planos no la veo necesariamente negativa; por ejemplo, me interesan política y poéticamente más los poetas que participaron de modo activo en el 15M y siguen en los movimientos sociales, aunque sus poemas no hablen de ello, que los poetas que se apresuraron a presentarse en la prensa como la voz poética del 15M y a publicitar los poemas que lo tematizaban.
  Y, ya que me refiero a lo temático, no me parece que los temas sean importantes en la poesía; ni lo biográfico ni ninguna otra clase de tema. Me interesa el trabajo que hace la poesía a la vez con la lengua y el mundo, inseparables; me interesan las propuestas de lengua y de mundo que, inseparables, surjan de ahí. Todos los temas valen, dan igual.


LRA.-  Hemos comentado con brevedad ineludible las relaciones palabra-objeto y ciudadano-sujeto poético. Me gustaría llevar estos nudos del análisis crítico a la “historiografía” de la literatura, en especial de los textos poéticos. Parece claro que algunos modelos, cómodos pero imprecisos –incluso falsificadores-, han quebrado en el relato de la historia literaria.  ¿Sería posible plantear tal historiografía a partir de núcleos problemáticos como los tratados arriba? De otro modo, ¿sería viable y conveniente la articulación del relato historiográfico en torno a los poetas cuya obra haya ofrecido una respuesta singular y decisiva a estos – y otros −  nudos teóricos?

El objeto de la crítica es la singularidad del poema o del poeta, lo que le hace ser él, distinto; y no buscar las semejanzas entre unas obras y otras que, mediante la simplificación y los comunes denominadores, preparan la cómoda y falsificadora tarea de la clasificación y la agrupación. De modo que la articulación del relato histórico requeriría un trabajo previo de crítica muy amplio y serio, una crítica pegada a los textos, concreta en su lectura de los autores y autoras, sin premisas teóricas previas que deban imponerse a los poemas según se va leyendo. He trabajado durante muchos años en eso: profundizar en la obra de buen número de poetas que me parecían necesarios, leer sus textos, poner en evidencia el carácter de los modelos historiográficos fosilizados que circulaban; y, sin duda, cabe celebrar que al fin hayan quebrado, como dices.
  A partir de este fundamento, el relato histórico se podría luego articular desde distintas perspectivas, de muchas formas diferentes. En todo caso, siempre habría que partir de los poemas y de los y las poetas, ¿no? Si se partiera de cómo responden a determinados nudos teóricos, quizá estuviéramos juzgándolos a partir de una poética que no sería la suya, sino la del historiador. Pero no lo excluyo, te confieso que no he pensado mucho sobre ello; me he sentido siempre más crítico o teórico que historiador.


LRA.- En uno de tus artículos apuntas el parecer de que, como en el caso del autor, la escritura crítica supone lecturas y relecturas desbordantes que van conformando al propio crítico. Es decir: el lector-crítico iría haciéndose como sujeto de lectura. Echando un momento la vista atrás, ¿crees que de algún modo has dejado en tus ensayos las trazas de algún tipo de relato vivencial o confesional? (Entendidos ambos adjetivos como vía de auto-conocimiento y no como simple testimonio de datos biográficos.) Sé que fuerzo un tanto tu respuesta al recordar aquí una frase del primer ensayo de La palabra sabe: «la preocupación por la vida es lo único que me induce a plantearme las cuestiones literarias». Disculpa el pie forzado.

Bueno, los sujetos, de cualquier índole que sean, siempre están haciéndose, los de lectura y los de la vida. No sé a cuál de mis textos te refieres; pero creo haber hablado más de un ir haciéndose la propia lectura que del crítico como sujeto. La lectura de poesía, pienso, es lenta, se va decantando a través del tiempo, a fuerza de volver sobre sí misma, de encontrarse una y otra vez con el mismo texto, con los mismos autores. Es en este sentido en el que un crítico puede verse ante una sucesión de lecturas suyas que le devuelven una sensación, una conciencia de paso del tiempo y que, en esa medida, le hablan de su propia vida, del discurrir de los años que ha dedicado a ese trabajo de leer a los demás. Los elementos personales que he podido dejar en mi trabajo crítico serían de este orden, no relatos de carácter autobiográfico; el que haya, esporádicamente, un dato personal –y, sin duda, los hay– no compone relato ni busca un desarrollo de esa clase. La “preocupación por la vida” no es narrativa ni autorreferencial, sino más bien existencial o política.


LRA.- ¿Hasta qué punto las expresiones artísticas actuales, y más concretamente los textos poéticos, han de reaccionar a las quebraduras sociales y económicas de estos años? En tu caso, ¿sientes que tu decir poético responde, se resiente o se entromete en los conflictos sociales recientes?

Me parece que en parte ya he respondido. Entiendo que una situación tan dura como la de los últimos años, las formas de injusticia tan agudas y manifiestas que estamos viviendo, pueden favorecer la toma de conciencia social y política de muchas personas, y eso es alentador y positivo. Pero, a tu pregunta, yo diría que la poesía no ha de reaccionar ni más ni menos ahora que en otros tiempos o siempre. Por una parte, la injusticia y la opresión, el sistema, no son nuevos; por otra parte, como ya dije, para la poesía no es decisivo lo temático. El trabajo del poeta es la construcción de su lengua y es ese trabajo el que tiene –no sus temas ni tampoco sus intenciones– sentido político. “Los conflictos sociales” siempre están en el fondo de mi poesía, pero de este modo; temáticamente, pueden aparecer también, por temporadas aparecen bastante, como cualquier otro aspecto de la realidad que vivo o que querría vivir.


LRA.- ¿Crees posible encontrar modos de expresión poética en los nuevos lenguajes digitales?

Soy un simple usuario de los ordenadores y de algunas de sus aplicaciones, no tengo conocimiento técnico sobre “los nuevos lenguajes digitales”. Pero resulta indudable que, en cualquier tipo de lenguaje, pueden surgir modos de expresión estética. De todas formas, prefiero reservar la palabra poesía para la expresión verbal, sea en formato digital o no.


LRA.- ¿Podrías esbozar algún tipo de panorama actual de la poesía española? Y, si es posible, ¿trazar algún tipo de línea para el futuro?

No veo que exista, al margen de términos sociológicos, estadísticos o periodísticos, la “poesía española”, ningún movimiento de conjunto que responda a esa etiqueta. Me interesa mucho lo que algunos poetas españoles hacen, y trato de estar atento a las propuestas nuevas; pero –como te digo– lo que me atrae es la singularidad de cada caso, de cada nombre, cuando se da, no el trazado de líneas generales.





dos poemas

ES una noche de lluvia,
el agua hace ondas al rodar
cuesta abajo y tamborilea
sobre nosotros. Hace ondas
un frío por la espalda, el profundo
paisaje de negruras más o menos
espesas; lo que vive
está dentro del ojo.
La rama y su vuelo atado,
las dudas de si llegará
marzo, el camarero languidece
en el local vacío, las monjas
aun se colocan otra tela blanca
sobre la toca y el hábito blancos, y una
se gira ocultando el rostro, nos habla
como si no lo hiciera. Rama de marzo,
ritos virtuales del vuelo.

Tienda de fieltro
Barcelona, DVD, 2004


CUANDO se acerca marzo,
el invierno en sus últimas mañanas
se finge desvalido; la certeza
de la helada nocturna lo protege
de los bordes de sol que, entre esqueletos
de geranios, se amplían.
Pero el viento descubre
la fuerza oculta y agónica del tiempo,
acabándose siempre,
el mismo siempre. Es su mirada terca
la que nunca renuncia, la que lima
los destellos de luz en la pintura,
desviste los objetos,
los pule de apariencias, incoloros.

Invernales
Ayuntamiento de Alcalá la Real, 1985
(reedición parcial: Para una teoría del color.
Gijón-Oviedo, Nómadas, 1995)






Miguel Casado (Valladolid, España, 1954) es autor de una amplia obra poética, crítica y de traducción. Como poeta ha publicado Invernales, La condición de pasajero, Inventario (Premio Hiperión 1987), Falso movimiento, La mujer automática y Tienda de fieltro; sus poemas se han traducido a varios idiomas, y han sido recogidos en numerosas antologías y revistas. Su escritura crítica se recoge, por una parte, en las ediciones de Antonio Gamoneda, José-Miguel Ullán y Vicente Núñez; por otra parte, en volúmenes de ensayo como Del caminar sobre hielo; La puerta azul; La poesía como pensamiento; Deseo de realidad; Los artículos de la polémica y otros textos sobre poesía; Valle-Inclán; El curso de la edad; La experiencia de lo extranjero, y La palabra sabe. Actualmente publica la columna “Tienda de fieltro” en El Norte de Castilla y en la revista mexicana Periódico de Poesía. Su trabajo como traductor se ha centrado en libros de Paul Verlaine, Arthur Rimbaud o Francis Ponge, entre otros poetas franceses; y en los ensayos de Baudelaire, Mallarmé y Valéry incluidos en el volumen Matemática tiniebla. Genealogía de la poesía moderna. Acaba de aparecer, traducido en colaboración con Olvido García Valdés, El resto del viaje y otros poemas, de Bernard Noël. Igualmente, ha participado en la dirección de revistas como Los Infolios, El signo del gorrión o Hablar/Falar de Poesia; ha codirigido, entre otros, los ciclos “Poetas para pensar el siglo”, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, entre 2001 y 2004, y “La poesía, lugar de encuentro”, en el Museo Sefardí de Toledo. Forma parte del proyecto “Estudios de Poética” que se puso en marcha en Madrid en noviembre de 2013.




1.2.13

el ser en construcción / un diálogo sobre el arte en la red


Las razones del aviador ha convocado a dos expertos y apasionados degustadores del arte cibernético. A partir del libro Cómo la Red ha cambiado el arte (Trea, 2012), su autora, Margarita Rodríguez Ibáñez  y Jaime Luis Martín han entablado diálogo en la carlinga de nuestra nave.

◊ Para abrir boca, proponed alguna explicación sumaria de lo que sería arte en la red.

►Margarita Rodríguez Ibáñez 
Yo entiendo el arte en la red desde dos perspectivas: la primera sería aquella que utiliza el medio, y la segunda la que utiliza el soporte. La primera, evalúa los condicionantes específicos del medio como la interactividad, la aletoriedad y la creación y participación colectiva (como las primeras experiencias de arte en la red  de los años 90) para proponer, pero nunca concluir, porque la obra se encuentra en continua transformación. De otro lado existen obras expuestas que se mantienen estáticas que utilizan tan solo el soporte.
            Sirva de muestra de la red como medio: Mercury Project www.usc.edu/dept/raiders. y como soporte: Hicham Benohoud  http://www.hichambenohoud.com/benohoud/

►Jaime Luis Martín  
Cuando hablamos de arte en la red estamos refiriéndonos a una serie de prácticas difusas llevadas a cabo por diferentes agentes creativos que tienen como soporte de exploración Internet, operando mediante la manipulación del software, la acción política, las prácticas comunicativas, la interacción,  la construcción de la identidad y todo aquello que los artistas definen como arte al emplear las nuevas tecnologías. Cierto que, en sus inicios, estas prácticas en la red tuvieron un carácter libertario y utópico,  diluyéndose esta fascinación desde la Documenta X –que otorgó visibilidad al net-art- para convertirse Internet en un medio desprovisto del carácter autónomo que le otorgaron los primeros exploradores.  Considero  que siguen siendo válidas la propuestas:
The Zapatista Tactical FloodNet  http://www.thing.net/~rdom/ecd/ZapTact.html

◊ En su ensayo Cómo la Red ha cambiado el arte, Margarita inicia su explicación acudiendo al concepto de avatar (en la raíz de la mitología hindú un ser transformado y, por tanto, alejado de su «enmarcación corporal»). ¿Cabe la posibilidad de que el arte cibernético distancie el objeto artístico (si es posible mantener el concepto “objeto”) del cuerpo de su oficiante, del hueco de sus manos, de su epidermis…? Por oficiante se entiende tanto autor(es) como receptor(es). ¿Y es ello algún inconveniente después del uso del fotograma? ¿En qué lugar queda el cuerpo en todo este proceso?

►JLM 
Un avatar es nuestra representación física en un espacio digital. En este sentido somos nosotros quienes construimos nuestra corporeidad virtual, una imagen que, a diferencia, de nuestro cuerpo físico podemos reinventar y modelar mediante una trama de subjetividades que se adapte a las distantes realidades y flujos, un cuerpo continuamente reescrito, conscientes de que a mayor imaginario menos sujeto. En realidad estamos hablando de una cuestión de identidad, de identidades que podemos consumir según nuestras necesidades en el entorno  digital. La artista Victoria Vesna  invita a construir avatares en “Bodies Incorporated” - http://www.bodiesinc.ucla.edu/frames2.html- eligiendo sus características físicas y psicológicas  Este cuerpo virtual puede interactuar con otros cuerpos o puede ser modificado a  voluntad del usuario.

►MRB 
El cuerpo virtual nace de la psicología del sujeto, y por tanto de las conformaciones o de las disconformidades con su existencia física, lo que a mi modo de ver, no es tanto un juego como una nueva predisposición que entraña muchos peligros.
Hay gente que podría pensar que la imagen transferida de "mi yo" a otra substancia manipulable como el fotograma, podría ejemplarizar este proceso, pero en este caso "mi yo" físico se mantiene, y la situación psicológica admite esta limitación. El cuerpo físico, por tanto, es el que se encuentra sujeto a manipulaciones en los avatares lo que viene a determinar que la cibernética amplía tan solo el concepto psicológico. 
Quizá por este motivo, existen opciones más avanzadas en las que entendiendo las limitaciones reales como en 4chan http://www.4chan.org/


◊ Hagamos un esfuerzo metafórico. Tratemos de asociar las distintas disciplinas artísticas en su formato tradicional a rutinas cotidianas del receptor: p. e., pintura-asomarse a una ventana; escultura-simulacro del abrazo; música-respiración; cine-simulacro del flujo de conciencia (W. Benjamin dixit)… ¿A qué experiencia se podría asociar alguna de las formas del arte cibernético?

►MRB   
La experiencia sensorial que para mí transfiere el arte cibernético, aludiría aquella que nace de un baño en el mar profundo, en el que existen multitud de seres acuáticos de diversa índole. La explicación será evocadora si pensamos que entramos en un nuevo medio en el que no estamos acostumbrados a movernos, lo sentimos como una nueva realidad, el cuerpo nos pesa menos, y los seres vivos que allí encontramos poseen otro ritmo y comunicación a la que no estamos acostumbrados en nuestra experiencia terrestre. 
Como decía Jaime, el cuerpo virtual puede interactuar con otros cuerpos o puede ser modificado a voluntad del usuario, porque la experiencia vital es otra, porque nos sentimos más ligeros sin nuestro cuerpo y a la vez porque las trabas sociales, económicas y estéticas se desvanecen, aquellas que nos sujetan y nos condicionan, y porque ahora, quizá podamos actuar como  peces.

►JLM   
No sé si realmente comprendo tu pregunta pero en todo caso me resulta muy difícil acotar, asociar a  las distintas disciplinas artísticas en su formato tradicional la experiencia en la red. La red lo comprende todo: pintura, escultura, fotografía, vídeo. Pero creo que no estamos hablando de la red como soporte sino como un medio expresivo no homogéneo. Comparto con Margarita la idea de inmersión en un mar o maremágnum, pero no se puede olvidar que Internet es el resultado de las investigaciones del Pentágono durante la guerra fría, una red pensada para una era posnuclear, capaz de seguir inyectando información al centro de control de la guerra tras una devastación generalizada. Y el poder sigue teniendo mucho interés en mantener el control sobre este cerebro colectivo que es Internet. En este sentido “la militarización de toda información- como señala Paul Virilio en El cibermundo de lo peor- con el complejo militar-informacional nos sitúa frente a un fenómeno de totalitarismo sin precedente”. Carnivore - http://rhizome.org/carnivore- es un proyecto histórico de arte en red que emplea un código abierto para rastrear paquetes de información en una red local y que puede ser ilustrativo de lo que estamos hablando.

◊ ¿Qué manifestación del arte cibernético te ha suscitado más interés recientemente?
►JLM 
Me parece realmente interesante el  proyecto de Daniel García Andújar  “Postcapital Archive 1989-2001”.  Andújar  -http://www.danielandujar.org- es fundador de la corporación ficticia  Technologies To The People y miembro de Irational y ha desarrollado numerosos proyectos en Internet como e-sevilla, e-valencia, e-madrid o e-barcelona.  “Postcapital” -http://www.postcapital.org/-  es un proyecto concebido como un archivo digital, una instalación multimedia, un laboratorio y una inmensa base de datos abierta de textos, audio y vídeo articulada en torno a la década que va desde el desplome del Comunismo, con la caída del Muro de Berlín, hasta  el año 2001 en el que se produce el atentado de las Torres Gemelas. El proyecto se puede considerar culminado con la publicación de “Postcapital Archives 1989-2001” por la editorial Hatje Cantz.
►MRB 
El indicado por Jaime me parece un proyecto estupendo, muy acorde con la realidad actual, en el sentido en que se aúna la idea de archivo, tan presente en la red, a la idea del arte como proyecto que impulsa la actividad, sea ésta unida a lo social o a lo artístico.
            Muy unida por tanto a esta idea, está la que presento yo, que al fin y al cabo comprende la Red como un lugar de encuentro de actividad social y artística. La represento con Sculpture Network (http://www.sculpture-network.org/en/home.html), que se refiere a la Celebración Internacional de Escultura Contemporánea (nyb'13) donde quien quiera, y le interese, puede participar de ella. Se celebra, además de virtualmente, en infinidad de loci físicos, en un total de 43 países.
Con estas muestras se entiende la red como un soporte abierto a entablar nuevos procesos en el "mundo tangible", primero como una necesidad natural de esta nueva fase del net.art (cuarta) en la que el individuo entiende que todo lo aprendido en la red, necesita también de un refugio en nuestra realidad "tangible", que bien puede tener tendencias políticas, sociales o artísticas.


◊ ¿En qué medida los soportes cibernéticos potencian la democratización del arte? Y, a este propósito, ¿son conjugables los conceptos de democracia y arte? ¿Dónde la democratización y dónde lo banal?

►MRB 
El medio cibernético potencia claramente la democratización del arte, principalmente porque la Red es un medio cuantitativo y no cualitativo, ya que no discrimina lo que transmite porque se basa en una material digital. Desde esta perspectiva, la democratización se puede ver desde varias perspectivas: la primera sería la idea de unificación del soporte, porque lo digital aglutina todos las expresiones plásticas (una performance, una danza, una composición musical, un producto audiovisual, una fotografía o una escultura) en una misma unidad de información, a la que podríamos denominar "mensaje" que navega por el ciberespacio con las mismas potencialidades, sin discriminación de cualidad. De aquí nace la segunda vía de reflexión, la democratización del gusto, cambiando la idea del estilo cultural único que existía antes de la llegada de la Red, principalmente porque es la  participación y colaboración colectiva la que crea los patrones del gusto del arte y la cultura.
La tercera, viene dada porque la Red propone, por medio de herramientas digitales de fácil uso, la creación y la distribución de contenidos plásticos, y en ocasiones simbólicos, lo que da lugar a la interpretación de un nuevo creador.
La cuarta vía sería entender que los contenidos entendidos de "alta A cultura" han sido puestos en el medio, para difundir la cultura a nivel planetario.

►JLM 
La utopía de un espacio realmente democrático que parecía alumbrarse en la primera era de Internet devino en un inmenso mercado controlado por grandes empresas que han subvertido las prácticas artísticas más radicales, frustrando la ilusión de una red libre, colaborativa y horizontal. Y no hay que olvidar el papel tan importante que en la democratización de la Red han jugado y juegan los hackers conquistando libertad y poniendo en evidencia los intereses de las grandes compañía en la red, como por ejemplo realiza  Face to Facebook  - http://www.face-to-facebook.net-, un proyecto impulsado por Paolo Cirio  y Alessandro Ludovico quienes han robado los millones de perfiles de los usuarios de Faacebook filtrados por un software de reconocimiento de caras y clasificados por su expresiones faciales. 

◊ En Las razones del aviador no podemos evitarlo: ¿qué hay de la Literatura y más concretamente de la poesía? ¿Contempláis algún cambio sustancial con la pre-dominancia de la comunicación en Red?

►MRB 
Desde el punto de vista literario y de la poesía, sí que existen cambios sustanciales a mi modo de ver: por un lado la democratización de la herramienta entiende que todo aquel que quiera participar en la colaboración o en la creación literaria de cualquier género,  encuentra lugares  para hacerlo, pero además encuentra gente que entiende como afín donde establecer vínculos de intereses. Esta es una vía para dejar de entender el medio como cualitativo y no cuantitativo, porque elegimos dónde colocar nuestros contenidos en una primera instancia. Esto no quiere decir que después no puedan ser trasladados, copiados o modificados por otros conectados
Por otro lado, existe una tendencia a pensar que los contenidos literarios son susceptibles de ser, desde el punto de vista de su creación,  muy participativos, a modo de "cadáver exquisito", que desde el punto de vista teórico refieren  al movimiento Ou.Li.Po (Ouvroir de Literatura Potentielle, que podría traducirse como Taller de Literatura Potencial). Este grupo recurre a fórmulas combinatorias arbitrarias para que la presentación de la obra sea siempre distinta, aplicando conscientemente y de forma razonada, restricciones que le permitan nuevas formas de creación, alejándolo del azar. La definición de su literatura potencial sería «la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca". Si esto sólo puede entenderse desde un punto de vista claramente de "punto de creación", existe la posibilidad de creación por medio del discurso y la sinergia que se establece en grupos que interactúan en lugares acordados para este fin.

►JLM 
En la literatura la red ha producido cambios sustánciales en la autoría, producción, soporte,  distribución y propiedad intelectual de lo textual, desde el hipertexto a las textualidades electrónicas que conectan varios lenguajes, desde la nuevas formas narrativas, adaptadas a ciento cuarenta caracteres, como sucede en Twittter  al Book Mobile, pasando por la web semántica, “basada en la idea de añadir metadatos semánticos y ontológicos a la World Wide Web” (fuente Wikipedia).  Todos estos temas se analizaron en las distintas ediciones de Kosmopolis -http://www.cccb.org/kosmopolis/ca- pero, también, cabe acudir  para recabar una mayor información a la web Hermeneia-http://www.hermeneia.net-, un grupo de investigación sobre literatura digital.  Ya se puede hablar de la primera generación Web 2.0 literaria y esto no ha hecho más que comenzar, cierto que planteando infinidad de interrogantes, pero, asimismo, disfrutando al recorrer este nuevo paisaje textual.


◊
¿Es posible hablar de un nuevo orden cultural donde las jerarquías y las relaciones se muestren ya diferentes?
►JLM 
Hemos pasado de la contracultura a la cibercultura, de la humanidad a la ciberhumanidad, incluso hablamos de  “multitudes inteligentes” término acuñado por Howard Rheingold para referirse a una nueva organización social que se estructura a través de las redes sociales utilizando como soporte dispositivos móviles. Este nuevo orden cultural ha supuesto la demolición de las jerarquías y disuelto el principio de autoridad, algo que considero positivo y evita rigideces académicas. Pero ante esta falta de autoridad el mercado impone su jerarquización  si no somos capaces de construir un nuevo modelo de relaciones, que bien puede estar basado en el diálogo, en la fuerza del argumento. 
   Un buen ejemplo de trabajo  es la “Red Conceptualismos del Sur” - http://conceptual.inexistente.net-/, que ha colaborado en diferentes proyectos con el Museo Reina Sofía -http://www.museoreinasofia.es/redes/presentacion/conceptualismos-del-sur.html-, y se define como una  “plataforma internacional de trabajo, pensamiento y toma de posición colectiva. Esta Red se fundó hacia finales de 2007 por un grupo de investigadores e investigadoras preocupados por la necesidad de intervenir políticamente en los procesos de neutralización del potencial crítico de un conjunto de prácticas conceptuales que tuvieron lugar en América Latina a partir de la década de los sesenta”.
►MRB  
Me encuentro en total acuerdo con Jaime. Las estructuras han cambiado, porque existe una "multitud inteligente" que lucha contra los valores que habían sido establecidos por los poderes en lo cultural, lo económico y lo político, y quiere establecer otros, menos jerárquicos, más democráticos, interactivos y participativos.
            Pero, a mi modo de ver, también ha motivado cambios negativos (como afirmaba Virilio)  en el sentido antropológico del tiempo y del espacio, porque ahora somos capaces de conectarnos a "el mundo" sin los criterios que para el animal humano se habían establecido como estables.
.           Llegados a el punto de maduración en el que nos encontramos, el conectado se encuentra con poder suficiente como para establecer cuáles son las necesidades de este nuevo individuo empoderado y, por este motivo, establece que también necesita de una nueva idea organizativa "de lo real" que no quede sólo aislada en el mundo virtual; porque el humano, a fin de cuentas, necesita de establecer raíces en un locus.
            Desde hace unos años han comenzado a surgir estructuras que, amparadas en "lo que la Red nos ha enseñado", han establecido un nuevo consenso en el mundo real y tangible sobre aquello que "me concierne y me interesa", apareciendo un nuevo marco de análisis al que he denominado "cultura localizada". Este marco vuelca en pequeños sistemas organizativos lo aprendido en la Red, porque el conectado necesita sentir que el lugar que habita, el real, posee también estos valores de falta de jerarquía, nuevos criterios de interactividad entre los grupos de interés y una construcción colectiva.
Ante este nuevo panorama social, cultural y político, están apareciendo estructuras que se van extendiendo por toda Europa: en España La Fábrica de Tabacalera, La Casa Invisible, L´Ateneu Candela, El Patio Maravillas o la Universidad Nómada; en Italia la S.A.L.E. de Venecia o Rivolta de Marghera, en Reino Unido el Centre for Possible Studies de Londres, y a nivel europeo eipcp.net. En estas plataformas “reales”  se exige un nuevo enfoque ético y moral que intente establecer una nueva idea del individuo como parte integrante en la toma de decisiones del lugar que habita, pero, asentada en un pensamiento RAM, esto es, una mentalidad-red.



margarita rodríguez ibáñez es doctora por la UCM y licenciada en ciencias de la información, magíster en marketing profesional y ceramista diplomada. Ha impartido docencia en la Universidad de Madrid. Ha trabajado también en el área de comunicación empresarial y relaciones públicas.

jaime luis martín es poeta y crítico de arte. Codirige la colección Ajimez y su página Ajimez Arte. Ha comisariado la exposición Migraciones pictóricas. Como poeta destacamos su libro Final nunca.


25.12.11


ANITA BRENNER: VANGUARDIA, REVOLUCIÓN, IDENTIDAD

Eduardo San José Vázquez
Descubrir a Anita Brenner (Aguascalientes, 1905-1974) impone alguna rectificación y no pocas sorpresas. Su caso presenta aspectos que simplifican su imagen, por encima de su importancia en el llamado Renacimiento Mexicano. Pero una vez descubierta su obra, ésta supera el interés de las particularidades que la retrataban en su momento: su carácter de intelectual mexicana-estadounidense, judía, autora en lengua inglesa que vivió a ambos lados de la frontera.

Con frecuencia Brenner ha sido representada como “fuereña” en México, incorporada a la nómina de extranjeros que dejaron huella de sus impresiones mexicanas: Malcolm Lowry, D. H. Lawrence, Aldous Huxley, John Dos Passos, André Breton, Antonin Artaud o la generación beatnik. Otras veces, aparece como ejemplar del “nepantlismo” de que hablara Miguel León-Portilla: esa indefinición del transculturado, habitante de una tierra de nadie. Más allá de esto, Brenner reclama su importancia en la cultura mexicana del primer tercio del siglo XX, y solicita su pleno ingreso en la mexicanidad. Como observó Carlos Monsiváis, “su habilidad de integrar las herencias culturales […] le permitió aceptar la complejidad de lo mexicano” (1).
Brenner fue una poliédrica intelectual; antropóloga y folklorista, estudiosa del arte mexicano, periodista, editora, traductora, escritora de ficción. Ni siquiera esto dice gran cosa: es expresiva como testigo central de su época, la del Renacimiento Mexicano, un periodo de optimismo que respondía al afán de renovar el país tras la Revolución de 1910 a 1920.
La escritora aparece en esa época dorada en la que destacaron artistas como Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Francisco Goitia, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Miguel Covarrubias, Fermín Revueltas, Rufino Tamayo, Carlos Mérida o Carmen Mondragón (Nahui Olin), entre otros. La efervescencia posrevolucionaria atrajo a intelectuales extranjeros fascinados por la reminiscencia de lo que antes de la Gran Guerra eran el Village neoyorkino, Montmartre, Montparnasse o Bloomsbury. Esto y la huida de la posguerra explican que encontremos a europeos como Jean Charlot, Tina Modotti o Sergéi Eisenstein, quien basó su inconclusa película ¡Que viva México! (1932) en el primer libro de Brenner, Ídolos tras los altares, publicado en Estados Unidos como Idols behind altars (1929). O a estadounidenses como los escritores Bertram Wolfe, Ernest Gruening, Katherine Anne Porter, Hart Crane o John Dos Passos, y artistas como Edward Weston, Max Gorelik o Pablo O’Higgins. En esta órbita de extranjeros suele aparecer Brenner, relegada a ella por sus coordenadas personales, más que por una obra que creó los mitos culturales del periodo, comenzando por el título de Renacimiento Mexicano, que debemos a ella y a Jean Charlot.
El Renacimiento hizo predominar las artes visuales, en torno a pintores, escultores, fotógrafos, cineastas o arquitectos, para quienes la formación de una estética revolucionaria dotaba a la nación de nuevos símbolos colectivos. De ahí que, en el afán de trasladar el espíritu de los cambios al pueblo iletrado, el núcleo del Renacimiento fuera visual. Esto, sin desdeñar a escritores como Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Xavier Icaza, Antonieta Rivas Mercado, Salvador Novo o Manuel Maples Arce: una generación que aparece al público en Idols behind altars, poco antes de que opere la oposición entre el grupo Contemporáneos y el Estridentismo.
Más allá de que Brenner haya quedado relegada a un rol secundario y que sus libros se lean hoy como documento de época, de los que apenas se rescata el acierto de la frase que tituló su primera obra (como hace Paz en las adendas a El laberinto de la soledad), su influencia en el núcleo de esa inteligencia fue notable. Simples indicios plásticos son sus retratos fotográficos por Weston y Modotti, hacia 1926, además de los que la italiana sacó de la familia, como su madre o su hermana Dorothy; o la anónima instantánea de Weston Nude of A, más conocida como Pear-shaped nude (1925), que cuelga en las paredes del MOMA neoyorkino. Asimismo, su retrato pictórico por Jean Charlot (c. 1926), o el de su hijo Peter por Diego Rivera (c. 1945).


Pero importa atender a la recuperación del mundo prehispánico que desde la vanguardia lleva a cabo el Renacimiento, y la función de la escritora como autora de su primera conceptualización con Idols behind altars, así como de la primera historia integral de la Revolución, The wind that swept Mexico (1943). Como creadora de mitos discursivos, presenta el nuevo México tanto a los mexicanos como al extranjero. Una reevaluación que ponderaba los valores de la Revolución y sus expresiones artísticas, al tiempo que abría el arte prehispánico al preciso concepto de arte.


Ídolos tras los altares: mestizaje o insurgencia
En 1925 Brenner cursa Antropología en Columbia con Franz Boas, maestro del relativismo antropológico y mentor de Manuel Gamio, padre de la antropología moderna mexicana. Más que corriente académica, el relativismo era fruto necesario de la Revolución, como superación del positivismo de la “edad de la Razón” del Porfiriato. En 1926, la Universidad de México apoyó su investigación sobre las artes mexicanas, en dos libros. Brenner encarga las imágenes a Edward Weston, quien realiza un viaje por el país. Esto supuso la iniciación en la fotografía de Tina Modotti, amante de Weston, quien le enseñaría los rudimentos del arte, hasta hacer imposible precisar la autoría de algunas imágenes. Brenner tuvo listos los dos originales, Mexican decorative arts y Mexican Renaissance, primera muestra del nuevo arte, pero eran tan extensos que los fundió en Idols behind altars.
Idols behind altars fue la primera síntesis y el intento de reflejar el cambio del concepto de mestizaje a un nacionalismo complejo que proclamaba la multiculturalidad conflictiva. El valor del ensayo reside en su apología de un arte y una visión cultural —la presencia nativa como insurgencia, en lugar de armónico sincretismo— que muestra ya bajo una franca amenaza oficial y popular. El libro es el primero en reproducir, en inglés, los manifiestos del Sindicato de Pintores Revolucionarios, núcleo del Renacimiento, o el cartel-proclama de 1924 titulado “Protesta”, contra la “campaign [that] has been undertaken against the present movement of painting in Mexico”. Así, no sólo recogió el auge, sino la declinación y caída del Renacimiento.
La obra se divide en tres partes, con calas en la época prehispánica, la colonial y la contemporánea, donde concluye con capítulos a Siqueiros, Orozco, Rivera, Goitia y Charlot. Como intento de superar la academicista “edad media” del Porfiriato, rescata las corrientes subterráneas: el sustrato indígena, la propiedad asimiladora del barroco colonial, la gracia popular y narrativa de los exvotos, las pinturas de cantinas y pulquerías, y la obra de autores poco conocidos entonces, como José Guadalupe Posada y sus ilustraciones para corridos.
Pero Idols behind altars no es campo abonado para la fácil generalización, y encuentra su dificultad retórica donde lo hacía el propio Renacimiento: en la integración de las culturas nativas con la idea de revolución. La obra parte de la concepción cíclica del tiempo en las culturas mesoamericanas, que tendría su traslación en el fatalismo y escepticismo del mexicano; ironía raigal de una cultura donde también asomaría su carácter sarcástico, con la risa estridente del criollo. Tales ideas se aúnan a la presencia central de la muerte y su influencia en el devenir colonial, a través del memento mori del Barroco. La importancia del Día de Difuntos, la vecindad de los fantasmas, el asomo erótico y jocoso de la muerte actuaban como argumentos para un inmanentismo histórico incómodo, y no podían encontrar buen encaje con la idea de revolución, lo que posiciona a Brenner. Esto formaba parte del dilema del arte contemporáneo mexicano, que se debatía como arte de y para la Revolución. Brenner no intentó resolver esa contradicción, en cuya misma expresión encontró el Renacimiento el inicio de su fin.
La emergencia de las raíces culturales no dejaba de poseer el valor positivo de insurgencia, como la propia noción de Renacimiento: “Revolution in Mexico now means loyalty to native values” (2). Pero al tiempo, el nuevo arte imponía un fatal anclaje a la raíz por medio del nativismo, y un recordatorio de la condición humana, en su representación de los desastres de la guerra. En el contexto, esto se traducía en inequívoco escepticismo. Así, Brenner aclara la ambigua representación de la Revolución en el Renacimiento: el avance colectivo junto al fatalismo, evidente en la predilección, en Orozco, de las soldaderas, la abatida retaguardia. Orozco, que ya recibía el sobrenombre del “Goya mexicano”, encarnaba esa misma conciencia solitaria y oscura como reverso de una nueva época de luces. La tentación positivista del progreso revolucionario existía, y la naturaleza del ecce homo del nuevo arte esgrimió el indigenismo y el popularismo como corrección de la propia Revolución.
Desde este punto de vista, con la ambigua influencia de lo indígena como fatalismo histórico y como insurgencia, sostiene que el sustrato nativo emerge en el arte de la Revolución a través de dos símbolos centrales de la estética prehispánica: la calaca o calavera y la mano. Antagónicos y complementarios, en lo que se asocian con la muerte y el destino, con la creación y la voluntad.
El fatalismo indígena reaparecería, así, en el Renacimiento, como el pastel de Orozco El Indio Triste (c. 1920), cuya influencia rastrea hasta una escultura mexica, el ídolo sedente entonces encontrado en la Ciudad de México. Brenner refiere historias legendarias que hablan de un indio abatido por la pérdida de la Conquista. Pero matiza el fatalismo: sólo sería imagen de derrota a ojos de la arrogancia foránea, para resultar expresión seminal de la rebelión inmóvil. El símbolo de la mano recupera así su importancia, rastreado en las figuras mayas que representan la oración dirigida a la cuenca de las manos, o su aparición en los versos del rey-poeta Nezahualcóyotl, rescatada siglos más tarde por Emiliano Zapata: “The land belongs to him who works it with his hands” (3); hasta su simbolismo en el Renacimiento, comenzando por la foto de Weston en la contraportada de Idols behind altars, «Mano del alfarero Amado Galván».


En su circunstancia Idols behind altars no era sólo un ensayo cultural, sino un artefacto político de explosión retardada. La crítica a la institucionalización de la Revolución Mexicana se ampliaba a los peligros del totalitarismo. La politización de Brenner, ya acusada, derivaba de su conciencia de judía. Su preocupación por la situación europea y la evolución del fascismo y el antisemitismo, al ampliarse a la crítica de la institucionalización estalinista, la situará en otra Nepantla de la izquierda: la de las corrientes perseguidas en la izquierda, trotskismo y anarquismo. Desde 1933, aparece en comités trotskistas de Estados Unidos, junto a Waldo Frank o Dos Passos, combatiendo el antisemitismo, incluido el estalinista, y acusando al grupo de Obregón y Calles de traición a la esencia revolucionaria.
Por eso, no podía evitar indagar en la situación española, síntoma y antesala del conflicto total. En 1933 llega en su primer viaje, de un año, a España, que ampliará en otro entre 1936 y 1938, estancias para la que consigue una corresponsalía de The New York Times y colabora para la revista The Nation, entre otras. Su trotskismo determinará la retirada de la corresponsalía, entre otros incidentes que afectarán a su comprensión del contexto español desde el mexicano y a sus temores hacia la expansión de los totalitarismos.
En 1937 ayudaría al asilo de Trotsky en México, como una de las seis personas a las que se limitó su negociación. Al regreso del segundo viaje a España, y tras el asesinato de Trotsky, se abre una etapa vital de desencanto, tras el final del Renacimiento. Después de ser el arte oficial de la Revolución, hasta 1928, Brenner había recogido su liquidación —la preterición de Orozco, la subsistencia de Revueltas decorando gasolineras, el exilio interior de Goitia—, y la incomprensión popular —las mutilaciones y escarnios de frescos—. Con todo, esta etapa de madurez se abrió no sólo a la caída del Renacimiento, sino por su dispersión en la desconfianza del asesinato de Trotsky (Siqueiros había atentado contra él meses antes que Mercader); indicio único de la altura sin vuelta de los tiempos revolucionarios.
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NOTAS
(1) Ana Indych, “Entre dos mundos: Anita Brenner, identidad transcultural y arte mexicano en Nueva York”, en VVAA, Anita Brenner. Visión de una época, México, RM/ CONACULTA, 2007, p. 42.
(2) Anita Brenner, Idols behind altars, Modern Mexican art and its cultural roots, New York, Dover Publications, 2002 [facsímil, 1929], pp. 185-186.
(3) Brenner, p. 108. 
                
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Eduardo San José Vázquez , Universidad de Oviedo, es autor de las monografías Recuperaciones narrativas del siglo XVIII en la narrativa hispanoamericana del siglo XX. Ilustración y modernidad en el Caribe y de La memoria posible: «El sueño de la historia», de Jorge Edwards. Ilustración y transición democrática en Chile.